Piensa que puede esconderlo. Que esperar a que definitivamente el ultrasonido anuncie los latidos felices del corazoncito que le ha nacido adentro podrá ser el momento oportuno para develar el suceso que la convertirá en madre. ¿Para qué apresurarse?, dice. Ya habrá nueve lunas para que todos estén al tanto de la buena nueva.
Piensa, sí, porque, aunque no abre la boca para tocar ni de soslayo el tema de la maternidad, un brillito suspicaz le endulza la mirada melancólica, que no lo es del todo, tal vez una ternura de la que no es consciente. Quienes lo hemos vivido sabemos que desde que la semilla anida, un hervidero de emociones, a veces insostenible, otras enigmáticas, sacuden a la mujer que pronto agregará a su condición la dicha de estrechar en sus brazos al hijo.
Le cuesta despertar. El sueño es ahora más profundo, pero de quien hablo es alguien con muchas responsabilidades a pesar de su juventud y el trabajo desde muy temprano es para ella de alta prioridad. De ella dependerán decisiones serias, entregas periodísticas que tendrá que revisar, dará orientaciones, esperará por otras. Escribe todo el tiempo. A veces frente a su máquina, mientras sonríe, se acaricia la barriguita, que pronto dejará de ser pequeña, como está aún, apenas advertida.
Mientras avanza el día la asaltan náuseas como también un animoso apetito que la hace devorar el plato, para después devolverlo todo, tan natural en las primeras semanas. Por momentos debe exigirse concentración, porque la mente vuela y se imagina caritas de improviso, paseos, instantes que vendrán.
Su faena le exige la lectura, no solo de libros. Las noticias, que llueven por minutos, son asuntos de los que no puede alejarse, incluso más allá del área que le corresponde atender. Cuando son de Cuba –visitas de altos directivos del país a diversos territorios; foros y congresos que generan espacios de debates para las ciencias, el arte, las instituciones…; medidas para perfeccionar el sistema social que tenemos, entre tantas otras–, no logra menos que sentir orgullo de la tierra donde verá la luz el que así la trae por estos días.
Los tantos análisis que deberá hacerse le «agobian» cálidamente la tranquilidad, y sabrá más de cerca ahora que nada es aquí más importante que un niño. Todo lo que tenga que ver con el país, así sea el supuestamente más ajeno de los asuntos, tendrá asociaciones directas con el nene que le altera ahora el metabolismo. Resueltamente, no habrá tema que no guarde para ella relación con lo que adentro le está creciendo.
Avanzan los sucesos en el día, tantos que a otros profesionales o personas comunes alejadas del periodismo les costaría comprender la «carrera de relevo» frente a la información que significa trabajar en un medio de prensa. El entorno internacional duele: bombas, desaparecidos, injusticias sociales, mutilaciones de genitales, femicidios, falsas y malintencionadas noticias contra Cuba o cualquier espacio donde se decida vivir con dignidad, balas perdidas, usurpadores de la paz, tiroteos en escuelas, atentados, emigración, jaulas, muros…
Empieza a apretar el pecho todo lo que huele a desastre. Junto a la algarabía interior se agiganta cualquier gesto que humille, hiera o actúe en detrimento de un niño. Es cuando los versos lejanamente aprendidos, los de Los hijos infinitos, del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, cobran vida, de forma diferente, ahora con latidos propios, frente a los horrores que padece la infancia en otras latitudes.
Mientras lee sobre estas realidades, los versos llegan, uno a uno, y le invaden el sentido: Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños / que la calle se llena / y la plaza y el puente / y el mercado y la iglesia / y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle / y el coche lo atropella / y cuando se asoma al balcón / y cuando se arrima a la alberca; / y cuando un niño grita, no sabemos / si lo nuestro es el grito o es el niño, /y si le sangran y se queja, / por el momento no sabríamos / si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.
Suena el teléfono. Con la interrupción se detiene el poema. Pero volverá después y siempre, cada vez que la tristeza elija para sí a un niño. No importa si en poemas o en sentimientos. Basta para ello ser o empezar a ser madre.


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Llasmina Lavalle Silveira dijo:
1
5 de abril de 2019
13:28:15
YENISEIKI dijo:
2
5 de abril de 2019
15:18:07
Lázaro dijo:
3
9 de abril de 2019
15:11:02
Lazaro dijo:
4
11 de abril de 2019
14:16:14
Madeleine Sautié Rodríguez Respondió:
14 de abril de 2019
11:21:10
Julita dijo:
5
3 de mayo de 2019
14:59:26
Madeleine Respondió:
3 de mayo de 2019
15:51:45
Michel dijo:
6
3 de mayo de 2019
16:29:06
Leslie dijo:
7
3 de mayo de 2019
18:56:17
Liz dijo:
8
3 de mayo de 2019
19:24:41
Barbara dijo:
9
4 de mayo de 2019
13:33:55
Yalineisi Parada Jovellar dijo:
10
7 de mayo de 2019
13:06:21
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