Sabemos en qué difíciles condiciones avanza en el año la economía del país. La casera también siente esos rigores, por lo que la solidaridad, la sensibilidad y la cultura del detalle juegan un papel primordial en el alivio de las tensiones diarias.
Pongo el tema sobre la mesa porque entre la familia cubana es una práctica común la salida los fines de semana de los integrantes del núcleo –quizá en su mayoría trabajadores con poco tiempo para concurrir a las tiendas– para la búsqueda de los productos necesarios de cara a la semana siguiente.
Y no siempre se trata de que no hallemos lo perentorio, sino por el contrario, que exista lo buscado, pero para adquirirlo sea preciso dedicarle un tiempo «largo y tendido» en una cola, cuando un simple movimiento de personal dentro del mercado pudiera aliviar las penas de quienes se añejan en la fila.
Llevo los dos últimos sábados observando, como muchas personas más, y padeciendo, lo complicado que resulta comprar un paquete de muslos de pollo en la Plaza de Carlos III. En el local dedicado al expendio de las carnes, el más visitado por la población de La Habana, aunque hay tres cajas contadoras, solo funcionaban dos el pasado sábado, por lo que los consumidores hacen una larga fila que toma la forma de herradura alrededor de las neveras, hasta acceder finalmente a pagar. Sin contar la otra cola, fuera del área de compra.
¿Tiempo consumido en el trámite? Una hora y 35 minutos de espera (contados por el reloj), desde el momento en que tuve en mis manos el paquete de pollo hasta el instante en que me sentí cual ganador de una medalla de oro olímpica, cuando llegué a la posición del cajero.
Más de un cliente de la tienda se preguntó por qué si la administración del lugar tiene la experiencia del dilatado tiempo que emplean las personas en efectuar su compra, especialmente los fines de semana, ¿no podía habilitar un par de cajas más para agilizar el trámite de cobro?
Coincidí allí con ancianos y mujeres con niños que, debido a la larga espera extendida a más de una hora, decidieron devolver el producto a la nevera y emprender el regreso a casa. A una persona de la tercera edad, o a una madre acompañada por su pequeño, no les resulta fácil permanecer más de una hora de pie, aguardando porque los atiendan.
Cuando hoy se reclama solidaridad y sensibilidad se trata, entre otros aspectos, de aliviarle los trámites a la población; de atenderla como merece, por muy modesta que sea la compra que realice; de manera que marche a casa complacida, porque quienes hoy trabajan en cualesquiera de nuestros mercados, mañana exigirán respeto y consideración si precisan de un servicio.
Ahí también radica la cultura del detalle. Porque esta no es solo darle el fino acabado a una pared para luego pintarla de manera curiosa, la cultura del detalle está igualmente en el trato adecuado que cada uno de nosotros merecemos, porque todos somos parte del mismo pueblo.
Quizá, aunque sea para los fines de semana, en ocasión de que Carlos III seguramente recibe a la mayor afluencia de público, en el mercado de las carnes pudieran aparecer un par de cajas contadoras más. La gente lo va a agradecer.


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Inalvis Alfonseca dijo:
1
29 de marzo de 2019
10:39:18
juan.rene dijo:
2
29 de marzo de 2019
14:38:59
cliente_habitual dijo:
3
29 de marzo de 2019
14:38:54
alexis macias dijo:
4
31 de marzo de 2019
19:51:31
Luis Portuondo dijo:
5
1 de abril de 2019
17:07:11
José Raúl dijo:
6
8 de abril de 2019
06:53:46
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