No hay cubano que no lleve en el silencio de su alma a José Martí. Cuba no inventó a Martí, él es, como dijo un poeta, «el resumen de un pueblo hecho hombre».
¿Cuál es el misterio del Apóstol que, ante su memoria, la palabra se hace pequeña y escurridiza?; quizá sea porque el lazo que nos une a Martí es cordial como la luz que se despierta en los hombros de los árboles.
El hombre de Dos Ríos tenía un par de manos que no se hicieron para matar; sus pasos formaron trillos por las páginas de Abdala para advertirle a Doña Leonor que sus dolorosas nupcias eran con la Patria; pero calma el dolor a la madre con la promesa de las flores naciendo entre afiladas espinas.
Todo lo sufre el hijo: el negro ahorcado en una ceiba del monte, el martirio de las canteras de San Lázaro, la condena del prisionero en la lejana Isla de Pinos, la deportación a España, la ausencia en las horas de pobreza y de muerte en la familia, el matrimonio roto, el frío de Nueva York, la copa envenenada, la cruz sobre los hombros, la guerra, el disparo. Todo lo sufre el hijo; y también la madre.
Pensó, con la calentura de los sueños juntos, un proyecto de nación para dar vida a los hombres que amaran la dignidad del ser humano como asunto de familia. Amó a Dios y a la Patria; y a los pobres de la Tierra, con los que echó suerte sin lanzar monedas al aire.
Vino de todas partes, con la música ancestral de los pueblos, con los dolores de los olvidados de la Tierra, con los rostros de cada ciudadano del mundo, vino vestido de africano, inca o anamita. Y hacia todas partes fue, porque cuando se dice hombre, «ya se han dicho todos los derechos». Pero antes dejó en el tronco de una palma, la semilla heroica de la fe en nuestra tierra.
El domingo 19 de mayo de 1895, un poco después del mediodía, tres disparos le fracturaron el cuerpo pero no la voz, ni los dedos, ni las ideas que se elevan desde el fondo de una cueva. El sol de mayo cayéndole en la cara era un verso sencillo y un premio a morir con honor.
No busquemos formalidades ni frases lanzadas al margen de los dolores que le dieron fuerza revolucionaria. Martí es más que una fecha en la memoria.
Es guía de Fidel, de Che Guevara, del obrero silencioso, del guajiro que atraviesa una guardarraya, del maestro que se inclina ante el cuaderno de un niño, de la madre que nos despide con una sonrisa en el vestido. Es un camino en los que viven la Patria desde la piedad y la ternura.
Tengamos la mejilla lista para sentir el dolor del hombre; y en las venas la humanidad entera para ser criaturas de la luz. Ese es el mejor homenaje, vivir la lucidez de una estrella que guía y nos salva.


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Nelson dijo:
1
18 de mayo de 2018
08:48:45
Pilón dijo:
2
19 de mayo de 2018
13:41:31
Julio Cesar Respondió:
21 de mayo de 2018
10:14:11
diana dijo:
3
23 de mayo de 2018
15:04:06
Roberto Avila Alarcon dijo:
4
25 de mayo de 2018
11:18:55
Julio Cesar Respondió:
29 de mayo de 2018
14:30:35
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