Hace algunos meses, 13 para ser exactos, no prestaba la menor atención a los cumpleaños. Bueno, sí, claro que felicitaba a los amigos y familiares que llegaban al término de otro calendario. Con algunos, los más allegados, me lanzaba a la búsqueda de un regalo acorde.
Ahora, mirados más de cerca, veo que estas celebraciones adoptan otras significaciones.
Y basta, al azar, soltar en un lugar público que estás a punto de celebrar un aniversario para que te lleguen bombardeos de opiniones por todas partes. Los más osados incluso sugieren que contrates a un grupo especializado en organizar fiestas: incluyen payasos, decoración, brindis… te pones a sacar cuentas, calculadora en mano, y la friolera de las variantes te deja estupefacta. ¡Claro! Hablo del cumpleaños de mi niño.
Quienes han pasado por la experiencia me darán la razón. Primero te sientas a elaborar una lista más o menos copiosa de los pequeños de la familia, los de los amigos y compañeros de trabajo.
Con antelación ya habías trazado la idea de un cumpleaños más o menos modesto con los niñitos de la cuadra y luego… tienes delante de ti una extensa reunión que incluye (sin contar a los padres) a más de 40 muchachos y, lógicamente, van a corretear por la casa muy a pesar del vecino de los bajos.
Toda fiesta que se respete debe tener piñata, y la piñata hay que llenarla. No faltará una tía que diga, «también una rifa y un tesoro escondido y el baile de la escoba con premio y esto… y aquello».
Neófita en cuestiones de organizar festejos, el bolsillo se resiente, ¡claro que lo hace!, pero a fin de cuentas es una vez al año y aludiendo a la sabiduría popular: «si el hijo de Paquita tuvo cumple, el mío no es menos». ¡Ay, la sana competencia!
Suerte que ahora las fotos, al menos las del día señalado, las puede tomar cualquiera desde un móvil más o menos inteligente. Tampoco hace falta ser experto para que salgan más o menos decorosas, aunque jamás las enseñes luego en un álbum sino auxiliada de las nuevas tecnologías. No, las fotos no son el problema.
¿Y el brindis? El cake hay que mandarlo a buscar con el mejor dulcero, lejos de la ciudad, pero vale la pena el esfuerzo. Panes, croqueticas, la riquísima ensalada fría, helado o refresco y alguna que otra cosa para que la cajita no se vea vacía.
Con motivo de la ocasión se espera que el homenajeado luzca una ropa nueva. Dicen mis mayores que es de buen augurio empezar el próximo año de vida con atuendo novísimo… aunque no me queda claro qué sucederá, si de todos modos, el resto de los días tendrá en su closet la misma de siempre que, por suerte, le sigue sirviendo.
El caso es que llega la hora del cumpleaños. Los niños ya están sentados y el homenajeado duerme, como si con él no fuera. A los invitados no puedes hacerlos esperar, de modo que sin remedio…, la fiesta empieza.
Después de todo en algún momento de la tarde tu hijo debe despertar para divertirse a su manera, caes entonces en la cuenta de que desde sus 12 meses es poco probable que recuerde nada relacionado con el «caos» acaecido ese día.


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Revenge dijo:
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2 de febrero de 2018
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Liuva dijo:
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2 de febrero de 2018
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Jesús Jank Curbelo dijo:
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3 de febrero de 2018
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3 de febrero de 2018
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5 de febrero de 2018
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8 de febrero de 2018
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13 de febrero de 2018
21:02:04
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