Vida y cine se complementan y a cada rato llegan asociaciones, casi todas relacionadas con un pasado distante. Nada particular, pues a cualquier espectador pudiera sucederle y puesto a escribir no dudo que su lista sería larga y hasta sorprendente, incluyendo el clásico primer beso dado alguna vez en la oscuridad, no importa que el paso de los años desdibuje los rasgos de la entonces amada.
Mucho se ha discutido sobre las influencias del cine en el espectador y no pretenden estas líneas reiterar el tema. Solo que lo que ahora cuento —un pequeño recuerdo de casi 60 años— se plantó en la memoria mientras escribía de un asunto poco vinculado a la pantalla.
Ocurrió a mediado de los años 50 del siglo pasado y en él se involucran el imposible de olvidar Felipito, parte de los muchachos del barrio y el cine de Mantilla, en la Calzada, que si la memoria no me falla se llamaba Chic, o quizá Chip.
Felipito había nacido con una joroba que lo hacía caminar encorvado y mirar de abajo hacia arriba. Tenía, además, cara de búho y unas orejas largas y peludas. Vivía malamente con su abuela en una casucha de la loma y bajaba a jugar con nosotros. Al principio no le resultó fácil integrarse a la muchachada y debió soportar los motes más terribles. Luego demostró ser un eficiente defensor de la primera base y entre conversaciones y andadas se convirtió en uno más sin que a nadie le importara su malformación.
Pero él insistía en explicar el porqué de su espalda contrahecha y de su fealdad, que no llamaba así, sino «diferencia». Y relataba lo que su abuela le contara decenas de veces: había nacido lindo y sanito como una manzana, pero una bruja llamada Matilde —enamorada de su padre— había rociado unos «polvos pudientes» sobre la recién parida, que moriría horas más tarde sin poder conocer a su hijo. También a Felipito le había correspondido lo «suyo» de aquel polvazo y al poco tiempo —según reiteraba— empezaría a convertirse en lo que ahora era.
Además de «el hombre del saco», que se llevaba a los muchachos, las brujas estaban entonces de moda y yo mismo juraba haber visto una en la loma, una tarde ya oscura en que retornaba con unos amigos cargados de mangos y a lo lejos la luz de un quinqué, invadiendo un ruinosa choza, nos dejó ver el perfil horrible de lo que sin duda, sino un monstruo, era una hechicera con su sombrero de pico.
Quizá fue por eso que nos fuimos al cine de la Calzada a volver a ver Blancanieves y los siete enanitos, Felipito incluido.
Integrado al grupo, él solía dar cualquier opinión de las películas que veíamos, pero ahora que lo escribo me vuelvo a preguntar si en verdad había pisado alguna vez un cine, porque al aparecer la maligna en medio del bosque y comenzar a alborotar los muchachos para que Blancanieves no fuera a hincarle el diente a la manzana, Felipito se puso en pie y fuera de sí gritó, apuntando con el índice a la pantalla: «¡Matilde, bruja asesina, me dejaste sin madre!».


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TripleA dijo:
1
18 de noviembre de 2016
09:08:58
Triple B Respondió:
24 de noviembre de 2016
12:59:55
EL PARIOTA Respondió:
6 de diciembre de 2016
10:15:25
Naría l.cruz dijo:
2
18 de noviembre de 2016
11:32:48
francisco dijo:
3
18 de noviembre de 2016
16:49:19
Respondió:
24 de noviembre de 2016
13:37:53
ELP Respondió:
9 de diciembre de 2016
10:35:15
Celiuska dijo:
4
24 de noviembre de 2016
10:39:26
tlcala dijo:
5
25 de noviembre de 2016
12:28:57
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