ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La ausencia de los padres y la pareja le pespuntean los recuerdos, aunque esos vacíos no le han enclaustrado su existencia entre amargos muros.

Siete décadas de vida, más de 40 de trabajo. Nada ajeno reclama en cada despertar, solo hallarse en armonía consigo misma, pues aunque los años no pasan por gusto, y ya son 70, quedan fuerza y brío para esquivar la jubilación.

Marinita no pudo tener hijos, aun cuando mantuvo una relación amorosa extendida más allá de dos décadas. En compensación, disfruta la llegada de nuevos amigos, los acuna, los distingue y les confía un sinfín de experiencias en forma de cuentos de la abuela que provocan el irresistible deseo de no perderla de vista.

Y si estos afectos torneados con la delicadeza del artesano fueran pocos —como para evitar que se sumerja en el silencio de quien vive a solas en el mismo lugar de su adolescencia— en las tardes, al traspasar el umbral de la puerta, el retablo de sus 12 gatos se confabula para el «rendibú» a la dueña de casa, en una ceremonia de fidelidad entre amigos.

No da tregua al aburrimiento, los felinos son una razón adicional e inigualable para interactuar con el vecindario, porque «esos 12 tienen bastante padrinos en el barrio a la hora de comer», acuña desde su veterana inocencia.

Ya no se mira en el espejo. No le interesa palpar las arrugas del rostro. Prefiere pensar en cosas lindas, compartir con los jóvenes, acercarse a ellos en el trabajo, hablarles, hacer un chiste, contarles algunas de sus travesuras juveniles, porque la edad no es un freno a su satisfacción septuagenaria.

El idilio con el hombre de su vida perduró por 25 años. Todavía, de vez en vez, conversan por teléfono para saber el uno del otro, y sin reparo confiesa que lleva por dentro, en el alma, el sentimiento de mujer enamorada que, más allá de provocarle el llanto, la convence de cuán agradable es disfrutar la vida en su constante devenir.

Tiempo atrás, abusando de su bondad, le pregunté a Marinita si después de permanecer por 54 años en la mis­ma vivienda donde sintió los amores de sus padres y su pareja, no se apocopa ante la soledad y la nostalgia por esas ausencias.

«Los recuerdos perduran», dijo. Solo de pensar en ellos sobradas razones tendría para abrirle espacio a la tristeza; sin embargo, aunque se confiesa como una mezcla de pesimismo-optimismo, en esa caracterización de sí misma la balanza se inclina por amplio margen a favor de una mujer animosa, respaldada por ese modo de actuar siempre dispuesta a tender la mano hilvanada con la sonrisa.

Marinita no es única. Son incontables, muchas, infinitas en nuestras vidas. Son las abuelas…y también los abuelos, que disimulando el cansancio nos recogían en el círculo infantil, nos esperaban a la salida de la escuela para cruzarnos la avenida rumbo al hogar; preparaban la comida mientras esperábamos por el regreso de los padres atareados en el trabajo.

¿Cuántos de nosotros se criaron junto a los abuelos porque por alguna razón los padres estuvieron ausentes? ¿Cuántas veces los vimos cargar pesados fardos de alimentos para llevarnos a la escuela al campo? ¿Cuántas noches pasaron despiertos velando que la fiebre no subiera en nuestra frente? Muchas otras razones habría para preguntarnos si realmente retribuimos como ellos merecen esa bondad que no aguarda por moneda de pago más allá de un amoroso beso.

Marinita no es única. Vive en todas partes. Cuando algún día ya no esté para animarte, quedarán sus recuerdos, enseñanzas, sus ejemplos. No dejes escapar la ocasión para entregarles a los abuelos tu cariño y compañía, que sientan el imprescindible respaldo familiar. Amar reconforta. Que no se te haga tarde, muéstrales lo mucho que representan para ti.

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bel dijo:

1

4 de noviembre de 2016

07:59:35


amigo periodista sabe una cosa ---- ME CONMOVIO su comentario es la realidad , apego y respeto merecen las personas que toda la vida nos dieron su apoyo , en el caso mio muy particular mis padres y abuelos ya no estan , pero cuanto recuerdo, agradecimiento, respeto , gratitud ,nostalgia,añoransa y amor siento por cada uno de ellos , siempre demostre lo importante que eran para mi y le digo algo si pudiera volver el tiempo atras seria la persona mas feliz del mundo

francisco dijo:

2

4 de noviembre de 2016

09:35:42


Estoy convencido que Marinitas hay millones en Cuba. Una vez leí algo que va conmigo a todas partes: "Todo los seres humanos tenemos un mundo interior. Pero algunos lo tienen desierto: no vive nadie en ese su mundo interior". Si su mundo interior está habitados por los seres que amó y ya no están vivos y por los seres que ama, pero que están geométricamente lejos, usted no está solo. ni lo va a estar. Y sobre el optimismo y el pesimismo solo hay cuatro posiciones: 1.- El optimismo del optimista. 2.- El optimismo del pesimista. 3.- El pesimimo del optimista. 4. - El pesimismo del pesimismo. El 1 y el 4 llevan a la inacción: No tengo que hacer nada, todo va a salir bien sin esfuerzos. Para que hacer algo si de todas formas todo va a salir mal. El 2 lleva mendigar a los dioses o a otros: Yo soy un fatal, pero a la hora cero me van a ayudar. La postura correcta es la 3. Voy a tener éxistos, pero no me voy a asustar si no lo logro en los primeros intentos. Me gusta tener esa norma para mi vida. Lo poco o lo mucho que he logrado siempre ha sido el resultado de luchar, luchar y volver a luchar (aquí luchar no tiene para nada el sentido de robar) hasta obtener mis objetivos. Invito a los forista a ser optimistas que saben que hay dificultades que vencer (pesimismo relativo)

Idalmis dijo:

3

4 de noviembre de 2016

14:29:03


Lindo artículo. He presenciado varios casos muy parecidos. solo con alguna diferencia.Tengo suerte para toparme con ellos y aunque cuento con solamente una abuela de 97 años, me hubiese gustado ver con 97 años, aquellos que se me fueron con una edad bastante joven.Mi abuela vive en otro municipio y para llevarla a casa de mi madre, tengo que buscar hasta 2 carros y con ella de mano, me enorgullezco de eso. Ojalá y todos los nietos, hijos, vecinos y amigos,se compadezcan de ellos. Gracias, .Vale la pena.

Sahira dijo:

4

7 de noviembre de 2016

22:56:52


Me conmovió, todos conocemos alguna Marinita, y es cierto que debemos querer y ayudar más a nuestros mayores, que hicieron y hacen tanto por nosotros. Me dolió, por ejemplo, ver que algunos ancianos solos en la zona que pasó el Matthew, no tienen a ningún familiar cercano ayudándolos, solo dependen del apoyo de los vecinos y del Estado.