En el largo y azaroso camino que recorren los productos del agro, atraviesan tantos escollos y pasan por tantas manos, no precisamente laboriosas, que no pocas veces terminan a merced de la especulación y los chanchullos para exorbitar los precios a alturas casi inaccesibles.
Es verdad de perogrullo que lo que aportan nuestros campos está lejos aún de satisfacer la más conservadora demanda, pero también es cierto que las cifras de alimentos contratadas por el Estado, por falta de exigencia y control, distan bastante de las potencialidades de los campesinos y trabajadores agropecuarios.
Como lo apremiante es multiplicar los volúmenes de viandas, hortalizas, granos, frutas, carne y leche, por solo citar algunos renglones, está en marcha un programa dirigido a la consolidación de los grandes polos productivos y a la incorporación de nuevas áreas agrícolas y de pastoreo en zonas hasta ahora ociosas.
Quien recorre hoy los campos aprecia una gradual mejoría en el suministro de equipos, implementos, combustible e insumos, lo que unido a nuevas facilidades de acceso a créditos bancarios y a la eliminación de todo tipo de trabas burocráticas poco a poco despeja el camino para el despliegue de las fuerzas productivas.
No se trata tampoco de emprender ahora un ejercicio maratónico de alistamiento de tierras, de “enterrar” recursos sin tener la certeza de poder obtener buenos rendimientos agrícolas y cosechas de superior calidad, a partir del máximo aprovechamiento de las áreas bajo riego y del uso de semillas certificadas.
Tras ese primer y decisivo paso en el ordenamiento de la cadena producción-comercialización, otro punto álgido es el de la contratación y posterior ratificación de lo pactado, momentos de especial trascendencia no siempre asumidos con seriedad, rigor y exigencia por los entes responsabilizados.
Más que hacer fríos cálculos de oficina, quienes ejecutan este proceso están en la obligación de visitar a los productores en sus fincas, intercambiar con ellos y demostrarles, sobre la base del convencimiento, nunca de la imposición, cuánto más pueden aportar si aprovechan bien todas las potencialidades.
Ese propósito solo será cumplido si las juntas directivas y las administraciones de las unidades (UBPC, CPA, CCS y granjas estatales) funcionan adecuadamente y desempeñan el papel que les está encomendado en el estricto control y chequeo sistemático de las producciones.
Allí es donde se gana buena parte de la batalla. En el seno de cada cooperativa se sabe quién es quién: el que aporta y cumple sus compromisos; también el que contrata por debajo de sus posibilidades, entra en negocios turbios y hasta vende cosechas enteras a los intermediarios mucho antes de que den sus frutos.
Desde que surgieron las formas no estatales de comercialización, quedó claro que se podía acceder a ellas siempre y cuando el productor honrara las cifras de entrega pactadas con el Estado. ¿Qué ha sucedido hasta ahora con los incumplidores? Muy poco, realmente, por indolencia y paternalismo.
Acabar con el desorden e imponer la disciplina, lejos de ser una mera consigna, es cumplir lo establecido: en el caso de las cooperativas, comprarles las producciones a sus asociados y luego comercializarlas a través de las entidades de Acopio o directo en las placitas que estén bajo su efectiva jurisdicción.
Es bueno aclarar esto, porque algunas, sin contar con respaldo productivo, han servido de fachada para el despliegue de decenas de puntos de venta, cuyos verdaderos propietarios jamás han rendido cuenta de su gestión ante las juntas directivas y han sido parte misma de la galopante escalada de los precios.
En sus habituales recorridos por las provincias, el segundo secretario del Comité Central del Partido, José Ramón Machado Ventura, vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, ha reiterado una idea que resume la esencia de las acciones en marcha: “Hay que ganar más, produciendo más, no vendiendo más caro”.
Dicho en otras palabras: se trata de procurar por todos los implicados en la cadena márgenes de ganancia lógicos, a partir de precios de venta justos y razonables, contrario a quienes, con estatus legal o no, acaparan las producciones, especulan y esquilman al público sin escrúpulo alguno.
Mientras se cierra poco a poco todo resquicio a la fuga de productos agropecuarios hacia destinos no lícitos, aquellos que participan de manera directa en la comercialización (mercados, placitas, puntos de venta, carretilleros, etc.) deben llamarse a capítulo y respetar con sus actos al pueblo trabajador.
Lejos de atacar en lo particular a nadie, las medidas aplicadas hasta ahora solo persiguen poner orden en las cosas, establecer prioridades, hacer cumplir lo legislado y proteger el bolsillo de los ciudadanos a través de precios asequibles, aunque algunos pillos y especuladores consideren que es una campaña más.


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RBG, dijo dijo:
1
10 de junio de 2016
09:53:41
Alex dijo:
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10 de junio de 2016
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Jge dijo:
3
10 de junio de 2016
21:05:29
luiz silva dijo:
4
11 de junio de 2016
06:58:53
Yasmany Martínez dijo:
5
13 de junio de 2016
11:54:12
josé dijo:
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14 de junio de 2016
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Productor dijo:
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14 de junio de 2016
10:41:23
noel dijo:
8
14 de junio de 2016
13:50:29
kgbramirez dijo:
9
14 de junio de 2016
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fracisco Respondió:
7 de julio de 2016
10:13:46
Sulfuro dijo:
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15 de junio de 2016
10:46:57
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23 de junio de 2016
10:50:19
Luis dijo:
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15 de junio de 2016
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Luis dijo:
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15 de junio de 2016
15:17:12
jorge dijo:
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15 de junio de 2016
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juan dijo:
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16 de junio de 2016
05:52:02
Liván dijo:
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16 de junio de 2016
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jESUS dijo:
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17 de junio de 2016
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francisco Respondió:
7 de julio de 2016
10:49:22
Merly Bacallao dijo:
17
18 de junio de 2016
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Dr. José Luis Aparicio Suárez dijo:
18
21 de junio de 2016
03:52:44
Maestre Sheratowm dijo:
19
22 de junio de 2016
10:05:29
jorge monsalve. dijo:
20
23 de junio de 2016
11:54:02
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