Desde Imías me llama Dora Valiente. Dice que la disculpe por la insistencia y que tiene algo para mí. No sabe si será importante, para ella lo es claro, y para su familia, pero no tiene idea de si su historia pueda interesarle realmente a alguien más.
Su historia, que no es la de ella realmente sino la de su sobrino y su familia, empezó con un dolor, con un salto en el estómago de una madre, con el ahogo en la garganta de un padre, con miedo, con el miedo humano y tangible por la salud de un hijo.
El niño se llama Marlon Valiente, tiene tres años y vive junto a sus padres en Jauco, ya en pleno municipio de Maisí. Le gustan los carros de juguete y figuras de todo tipo. Es inteligente y travieso. Eso me cuenta Dora. No lo conozco, pero sé que es el niño más bello y bueno del mundo, como el de cada madre.
Casi al nacer le diagnosticaron un linfangioma en el cuello, un tumor benigno en el sistema linfático que podía complicarse, y así fue. Un día se sintió malo, el quiste le comprimía la tráquea y respirar, comer dolía, así que sus padres corrieron para el policlínico del municipio primero, y para el hospital pediátrico Pedro A. Pérez luego.
Una semana después está operado. La convalecencia, sobre todo en un inquieto como él, siempre es compleja, pero la familia lo lleva de la mejor manera. Los médicos ayudan. Ayuda el ambiente. La atención y los ánimos del personal médico, paramédico, de servicio. La seguridad de los cirujanos Marileyda y Mario, “del haremos todo lo posible” que es voluntad y hecho.
Luego, queda el alivio y el gracias que le repiten hasta a las paredes. Un gracias que ha llegado lejos, desde una casa modesta al lado del mar en un pueblo a unos 100 kilómetros de Guantánamo, hasta mis manos, hasta mi computadora, hasta este papel, hasta los ojos que hoy leen esta historia.
Dora sabe, empero, que no es un relato excepcional. Solo en el Agostinho Neto de Guantánamo, se realizan miles de intervenciones quirúrgicas que salvan o mejoran la calidad de vida de las personas, unos 7 000 partos exitosos y más de 3 000 000 de consultas en todos sus sistemas.
Pero igual siente que no debería darse por hecho. Y por eso insistió, y contó lo necesario para que el agradecimiento viajara y se multiplicara en palabras. Su lógica desarma los parapetos que a veces nos teje la costumbre. “Es normal, pero no deja de ser maravilloso, y lo maravilloso debe ser reconocido, contado, sentido”.
Es una sentimental y lo sabe, lo sabe tanto como que su corazón deberá “aguantar” en el futuro muchos otros “golpes” semejantes…, primero porque a Marlon habrá que volver a operarlo en el futuro, y esta historia volverá a repetirse.
Pero también porque en poco tiempo, en algún momento el niño soñará por primera vez lo que quiere ser de grande. No importa lo que diga. Si médico, si abogado, si bombero. La familia sonreirá a la ocurrencia y se lo imaginará ya vestido de bata blanca, de toga o de uniforme…, porque será posible.
Y dentro de nada, le tocará la escuela, con sus días maravillosos y felices, con sus hordas de héroes anónimos, de seres imprescindibles que, desde el pizarrón y el pupitre, labran con paciencia de hormiga un futuro de hombres y mujeres de bien para Cuba.
El aprendizaje de cada día. El escalón por escalón que te hace vencer la escalera. La primera palabra escrita. El Ya sé leer en el hombro. El conocimiento que ilumina y distingue. Y el orgullo, por el reto o que cada vez es menos niño, y por todo lo logrado.
Dora lo sabe. Más le vale estar preparada.


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Kgbramirez dijo:
1
2 de abril de 2016
09:32:23
ALBERTO CANTALLOPS dijo:
2
4 de abril de 2016
01:43:29
RosarioM dijo:
3
4 de abril de 2016
12:01:59
francisco dijo:
4
7 de abril de 2016
11:10:17
BELLATRIZ dijo:
5
28 de abril de 2016
20:37:32
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