Más de una vez he leído sobre la mirada de Mella, quizá porque quienes no le conocimos y hoy vemos sus fotografías, advertimos en ellas la fuerza del ser humano que fue. Mucho más deberíamos los jóvenes acercarnos a quien está en el emblema de la Unión de Jóvenes Comunistas no solo porque fuera fundador del primer partido que defendió esas ideas en Cuba, sino porque vibró con la pasión de sus años y sintió con entrañas de humanidad.
No hay pedestal cuando se aprende quién fue en realidad, sino admiración para aquel que al igual que nosotros se estremeció con el amor, defendió su equipo universitario y supo crecerse ante las adversidades, como cuando tuvo que brincar el muro del cementerio para poder enterrar un pedazo de su corazón en tierra mexicana: su pequeña hija.
Mella tuvo la sensibilidad suficiente para aprender de los más ilustres de su época, de los obreros, de los patriotas de otras generaciones, e ir creciendo en su pensamiento. Es el ejemplo de lo que debería ser un universitario: un hombre al que nada le es ajeno, que piensa en su ciencia y en el conocimiento, pero también actúa como parte de la sociedad y trata de transformarla. De ahí que en su época creara la FEU, para defender los derechos de los estudiantes, y más tarde ya estuviera presente en la defensa de los obreros, en la comprensión de que Cuba no era libre y que el sistema capitalista tampoco hace libres a los hombres, por más que promueva la libertad como bandera.
Y hablo de él porque para beber de esa savia no hay que esperar a que sea marzo y recordemos su nacimiento, o enero y venga, casi como mandamiento, la evocación de su muerte. Mella es de esas personas a las que una y mil veces deberíamos volver, especialmente los jóvenes, en ese camino de transformaciones, de sueños de futuro que animan a quienes se sienten con toda la fuerza para conquistarlo.
Esa mirada y esas palabras nos convocan todavía. Tienen mucho que aprender los universitarios de él, los que dirigen la FEU, los que portan el carné de militantes de la UJC y no han meditado suficiente en su ejemplo. No hay que envejecer para pensar con madurez, para actuar movidos por algo más que intereses personales. Mella nos lo mostró con sus 25 años inmensos.


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francisco dijo:
1
25 de septiembre de 2015
21:35:59
Jose Luis dijo:
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26 de septiembre de 2015
15:36:29
francisco dijo:
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27 de septiembre de 2015
05:28:27
Carlos de New York City dijo:
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27 de septiembre de 2015
08:55:36
Manuel dijo:
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27 de septiembre de 2015
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Julio dijo:
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28 de septiembre de 2015
06:32:44
barbara sanchez novoa dijo:
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28 de septiembre de 2015
11:26:07
Jesús Jank dijo:
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30 de septiembre de 2015
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osvaldo p dijo:
9
1 de octubre de 2015
20:14:21
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