ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Con frecuencia se emplean indistintamente lo verbos oír y escuchar como si se tratara de un simple par de sinónimos que pueden alternarse según sea el gusto de quien los usa. Muy lejos de significar lo mis­mo, ambos tienen entre sí notables diferencias.

Oír es un fenómeno físico que forma parte del mundo de las sensaciones y percepciones. Para conseguirlo necesitamos en primer lugar tener aptitudes fisiológicas que nos permitan apropiarnos de sonidos que se están produciendo con determinada cercanía del sitio en que nos encontramos. Así, por ejemplo, oí­mos que alguien nos habla o que otros hablan entre sí. Podemos oír también que a nuestro alrededor se están originando rumores, ruidos —agradables, molestos, al­tos, bajos…— que emanan de situaciones que están teniendo lugar en el entorno en que nos encontramos.

Para oír solo tenemos que estar. Cuando oímos, las voces ajenas nos llegan sin que abandonemos los pensamientos en los que estamos inmersos, por eso se habla de que nos mantenemos pasivos si solamente oímos. Pero escuchar es otra cosa. Escuchar es un proceso activo que implica que adoptemos una postura, que nos dispongamos a entender lo que se nos está diciendo.

Para escuchar es preciso que nos importe hacerlo. Poniendo toda nuestra atención en lo que se nos dice, procuramos comprender el sentido de las palabras y evitamos que cualquier otro asunto nos entretenga. Para escuchar bien es preciso que todo el cuerpo esté en función de lo que se nos está comunicando, una percusión con las manos sobre la mesa, una mirada constante al reloj atentan contra nuestra atención.

Escuchar es, además de percibir palabras, captar el estado de ánimo del que habla y tener en cuenta inflexiones, tonos y ritmos de nuestro interlocutor, porque todos ellos son portadores de valiosos significados. Si lo tenemos de frente, pues implica también observar la gestualidad, una de las más fehacientes pruebas de la veracidad o falsedad de lo que se nos está anunciando.

Se puede dejar de escuchar incluso cuando continuamos oyendo.  Basta que te deje de motivar lo que estabas escuchando, que alguna distracción ocupe tu pensamiento, que te dispongas a no prestar más atención.

Notable es la distancia entre el “oigo” y el “entiendo”. El “oigo” significa el no haber ruidos para interrumpir el sonido que debe llegar a nuestro sentido. El “entiendo” pasa necesariamente por la escucha, en la que uno decidió, asoció, compartió, aprobó o desaprobó lo que se nos dice.

Para oír no es preciso involucrarnos ni realizar ningún esfuerzo. Nuestro sistema auditivo realiza su función sin que pensemos en lo que oímos, sin que lo razonemos ni le pongamos un ápice de nuestros propósitos.

Estas simples pero puntuales distinciones podrían quedarse en el plano del significado; pero lo cierto es que van mucho más allá del asunto lingüístico. No pocos desencuentros tienen lugar en nuestra vida cotidiana más que por desconocimiento de estas diferencias, por la indisposición para escuchar a los demás, que es a fin de cuentas de las dos, la que requiere de nuestro esfuerzo.

Más interesados en oírse a sí mismos que en escuchar con todos los sentidos a quien tiene algo que decirles, muchas personas interrumpen, presuponen lo que no ha sido enunciado, u ocupan el centro de la situación en la que se supone que les corresponde callar y procurar entender al otro.

Quienes así actúan subestiman el valor que tiene saber prestar la debida atención a las palabras ajenas y pueden hacer que se frustre tanto un intercambio de interés personal como uno que incumbe a muchos. Si esa falta de disposición caracteriza a quienes tienen el deber de conducir a la mayoría —dígase recepcionistas, secretarios o directivos…— pueden deteriorar con su actitud las mejores intenciones y proyectos de las instituciones que representan porque para conseguir el éxito resulta indispensable una buena comunicación que no es posible alcanzar cuando no se sabe escuchar.

Tan importante es escuchar como ser escuchados. Con­si­de­ra­da como la más difícil de las habilidades comunicativas la escucha es de las cuestiones que nos salva en nuestras batallas o de no efectuarse nos puede derribar.

El mayor problema que podamos afrontar se aligera si la persona que escogemos para ello se dispone a escucharnos. Semejante a compartir una pesada carga, el mal se alivia si quien nos escucha comprende, compara nuestra queja con alguna personal, valora nuestro comportamiento, o nos aconseja qué debemos hacer.

Si intentamos ser escuchados y no lo conseguimos podemos sentirnos subvalorados e incómodos y si por otra parte le restamos importancia a quienes nos solicitan atención con toda seguridad nos estamos perdiendo una parte importante del asunto al que, con solo haber sido convocados para escuchar, ya nos involucra.

El tema tiene mucha tela por donde cortar, desde múltiples ejemplos en los que se frustran las relaciones interpersonales por no saber escuchar ni ser debidamente escuchados, hasta aprender a emplear la palabra adecuada en cada situación comunicativa.

Para empezar no digamos: “Conecten el micrófono que no escuchamos” o “Hace rato se está escuchando tremendo ruido”. Algunos lo dicen porque no saben cómo es correcto, pero lo peor es que para muchos es una manera más culta de expresarse creyendo más simple el oír con sus respectivas conjugaciones.

Si por casualidad nos dirigimos a un público que ha venido para acompañarnos en la discusión de una tesis o en la disertación de un tema no le preguntemos cuando empecemos a hablar si se nos escucha. En todo caso comprobemos si se nos oye bien. Quienes hasta allí han llegado para ver lo que tenemos que decirles con toda seguridad se dispondrán a escucharnos poniendo en ese empeño además de sus energías toda su voluntad.

Y para concluir, pensemos en estos detalles que pueden parecer sutiles y —sin serlo— presenciamos o protagonizamos a veces sin ser conscientes de ello. Revisemos hoy mismo si somos escuchados debidamente, si sabemos escuchar. Pongamos en práctica tan noble afecto que de los efectos hablarán las garantías.

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Orlandob dijo:

1

24 de julio de 2015

02:43:26


Muy interesante las diferencias de los verbos en referencia. Una clase magistral del lenguaje que a diario usamos sin tener en cuenta sus diferencias. Gracias mil, por su trabajo mostrado, Madeleine.

Adolfo dijo:

2

24 de julio de 2015

08:13:24


Muy interesante su comentario, cuanto daria por que algunos que conosco lo leyeran o les pudiera llegar por alguna via.Cuantos compañeros y directivos ve visto que ni oyen ni escuchan, te miran y de reojo. Debia existir una asignatura que validara a los profecionales como la historia ademas.Y los ya graduados, exigirle un cursito de comunicacion.

jesus S dijo:

3

24 de julio de 2015

08:28:32


con cuantos nos tropezamos a diario que oyen pero no escuchan!!!!!Peor aun , se burlan de nosotros , haciendose los que escuchan, pero ni siquiera oyen( ni releen su agenda , donde anotan nuestros reclamos.)

La bala dijo:

4

24 de julio de 2015

09:12:16


Madeleine. Muy importante sus enseñanzas, al parecer es ud una gran maestra del lenguaje. Soy un fiel seguidor de sus trabajos periodísticos, los cuales me agradan mucho, por todo lo que ellos encierran en su contenido. La exhorto a que continúe por ese buen camino. Muchos saludos.

Julio C. Arias Huergo dijo:

5

24 de julio de 2015

10:26:02


La diferencia del significado entre ambos verbos la conozco desde muy joven. Durante muchos años en nuestro país, fue práctica que la mayoría escucháramos y el resto no, práctica que se continua aplicando por muchos dirigentes a pesar de llamados del co. Raúl a actuar de otra manera. Pasará tiempo para lograrlo, además de que hay que implantar mecanismos que perfeccionen el ejercicio de la democracia en Cuba. Le felicito por tratar el tema; hay que hacer incapié sobre ello, a todos los niveles de dirección.

cconut dijo:

6

24 de julio de 2015

10:42:31


muy bueno eso ademas muy bonita periodista

Reyomar dijo:

7

24 de julio de 2015

10:46:45


Durante mi vida he participado en incontables platicas donde el emisor principal cuando termina dice ahora para escuchar las opiniones, cuando en verdad solo se cumple la formalidad de darte la palabra para oir pues todo queda como esta recogido en documentos elaborados por especislitas donde nunca cambia una coma Por suerte y para bien estas cosas comienzan a quererse cambiar

er incurto dijo:

8

24 de julio de 2015

13:36:04


Toca usted hermosamente otro tema interesante y muy educativo, pero......La Habana es una ciudad de sordos....la inteligencia, la lógica son las dos herramientas para escuchar y de esas dos no se hace digamos un uso prolifico actualmente, por eso la sordera es de cañon en muchos casos. Existen ademas los magos de oreja (por así decir) que te miran, te sonrien, te atienden ...pero todo es supuesto, te das cuenta que ni te escucho ni te oyó y lo que le dijiste se fue en el aire.

MarielaP dijo:

9

24 de julio de 2015

14:40:16


Hola a todos y todas! Es cierto que los ruidos solo se oyen, pero como dañan!... generalmente solo oimos. Escuchar requiere de atención. Digamos que es la etapa de inteligencia. "Pero no tenemos mucho tiempo para eso". Necesitamos, todos, escuchar más y hablar menos. De esa manera no tendremos que preguntar: me entiendes?. Si nos explicamos bien, si logramos incentivar al receptor, todos entenderán.

Joan dijo:

10

24 de julio de 2015

14:58:21


No hay peor sordo que el que no quiere ESCUCHAR.

Néstor del Prado Arza dijo:

11

24 de julio de 2015

16:10:11


Felicitaciones Madeleine por este trabajo periodístico de opinión. Conciso y "conseso". Como bien dices hay mucha tela por donde cortar. Yo voy a cortar por tres partes. La primera. En no pocas ocasiones le preguntamos a un colaborador en el trabajo, o a un amigo, por el problema que tiene o la situación de salud de un ser querido, y cuando se dispone a respondernos, casi de inmediato le cambiamos el tema de la conversación. Eso es una muy mala práctica. Si usted no va a dedicarle tiempo a la persona aquejada por algo, o no está en disposición de escuchar, es mejor que no caiga en ese formalismo. Si pregunta, entonces sea consecuente y escuche. La segunda. Es una especie de extensión a tu trabajo. ¿Basta con escuchar? Mi respuesta es que como regla, no. A la escucha consecuente debe seguir la actuación consecuente, ya sea para ayudar a resolver un problema, o para erradicar o al menos mitigar un error o una conducta que nos critiquen. A veces es preferible que te oigan, y no que te escuchen cuando la respuesta está plagada de mala voluntad o subestimación a lo que planteaste. La tercera. La llamada tríada del buen hacer: saber, poder y querer hacer bien las cosas. La capacidad de escuchar se puede entrenar y mejorar, siempre que tengamos deseos de hacerlo. Muchas personas quieren hacer bien una cosa pero no saben cómo hacerlo, eso es curable con la capacitación y el entrenamiento. Lo que es casi incurable es cuando sabemos, pero no queremos hacerlo bien.

Madeleine dijo:

12

24 de julio de 2015

16:41:49


Me complace mucho que como bien dice Néstor del Prado Arza, sus comentarios sean “una especie de extensión de mi trabajo”, todos muy válidos, con referencias aspectos y ejemplos que no abordé yo, pero que solo con dar un toquecito tienen en las personas inteligentes, sensibles y aludidas de alguna forma en el artículo, un modo de hacerse útil en tanto mueve el intercambio entre las personas que lo leen o estas a su vez lo hacen extensivo a otros. Cierto es Joan que no hay peor sordo que quien no quiere escuchar y cierto también todos los ejemplos que escriben todos, tan acertados, y tan necesitados —como estamos— de ser escuchados y hasta de escuchar como es debido. Recordemos que el hombre sabio escucha cuando los otros hablan. Cierto es que muchos hacen como que nos escuchan y las palabras se las lleva el viento, pero es preciso también exigir que se nos dé ese afecto, que es, además, uno de los modos de hacernos respetar.

jose dijo:

13

25 de julio de 2015

13:05:09


Desde el punto de vista formal ambas palabras son sinonimos,o sea ,podemos usarlas indistintamente.Pero entiendo el mensaje de la peridista.Saludos

Madeleine dijo:

14

27 de julio de 2015

09:15:26


No, Jose, No podemos usarlas indistintamente. No le puedo decir a una persona con la que empiezo a hablar por teléfono y se percibe que la conexión está mala —¿Me escuchas?, le tengo que decir: —¿me oyes? Por otra parte le puedo decir a alguien a quien no le presté la debida atención: ¿Repíteme que te estaba oyendo pero no te estaba ecuchando. Y así miles de ejemplos que pueden ponerse de las diferencias entre ambos.

Frank dijo:

15

27 de julio de 2015

11:02:39


Hay un espécimen intermedio entre estos que ud muy bien describe, conozco a uno que sí te escucha (o al menos esa es la impresión que da), pero que acto seguido resetea lo que se le planteó y conecta nuevamente con la desidia que es su fuerte o su especialidad.

Madeleine dijo:

16

27 de julio de 2015

12:26:01


Sí, Frank, ese es el que si lo hace en pleno intercambio personal le importa un bledo la otra persona, se cree por encima y con ello no es importante lo que tiene que decirle, y si se comporta así en medio de conversaciones que incumben temas laborales y su posicio´n es de mayor jerarquía que el otro, o bien no sabe l oque es un líder y todo lo que de humsno lleva serlo, o bien carece de sentido de pertenencia con su trabajo y lo tiene sin cuidado que se resuelva el problema.

Néstor del Prado Arza dijo:

17

27 de julio de 2015

15:42:56


Madeleine, una vez más te felicito, ahora por hacer algo que pocos hacen: entablar una "ciberconversación", responderle a un forista, en fin involucrarte en el intercambio. La mayoría escribe y luego desaparece. Cuando de código comunicacional se trata, hay que ser perseverantes, estoy seguro que la mayoría de los ya interesados en tu artículo, aunque no hayan comentado algo, ya entendieron que en el contexto de la comunicación interpersonal son dos cosas diferentes. Pero si haces una encuesta es posible que confundan las acepciones. Hay otro aspecto interesante en el arte de escuchar y también en el arte de favorecer ser escuchado. Me refiero a la música del mensaje, algo que acompaña a la letra o el contenido. A veces el mensaje se malogra y la escucha se intoxica por una música mal empleada. Cuando digo música me refiero al tono, al ritmo del habla. Si su objetivo es convencer, será de poca ayuda hacerlo de una manera irritante por el volumen un tono agresivo o burlón. Lo que se conoce como freír un huevo, en medio de una comunicación en que se pretende ser empático, es algo malo. También están los gestos, es decir el lenguaje para verbal, de cuerpo y en especial de cara. Finalmente les comento algo que puede resultar curioso, y todo lo curioso tiende a despertar el interés. Me refiero a cuando se trata de una conversación telefónica, ponerte el auricular en la oreja derecha o en la izquierda, si lo que deseas es que prevalezca la emoción o la razón en la conversación que estás sosteniendo. Hagan la prueba. Recordemos que en el lenguaje se mezclan razón y emoción. Ya termino, pues a mayor cantidad de palabras, menor probabilidad que el lector llegue al final del comentario. Eso también tiene que ver con la escucha.

Olgui dijo:

18

28 de julio de 2015

08:43:20


Super interesante y muy actual donde casi nadie escucha, sobre todo los encargados de resolverles los problemas a los ciudadanos, deberian leerlos unas cuantas personas.

Madeleine dijo:

19

28 de julio de 2015

14:32:29


Néstor: Tan importante es esa “música” de la que hablas —que se traduce en mensajes extraverbales, tonos, matices, y emociones que acompañan a las palabras— que uno de los axiomas de la comunicación asegura que es más importante el cómo se dice que el qué se dice. Mucha razón puede tener una persona en lo que expresa, pero si no es convincente o si su manera de defenderlo no lo acompaña, puede ser frustrante su intención comunicativa. Mucho tienen que ver en la receptividad de tu mensaje esos ritmos que acompañan a las palabras y las hacen —o no— convincentes.

Otoniel dijo:

20

29 de julio de 2015

08:29:49


Muy interesante, como existen personas que les cuesta escuchar, opino que no existe tijera para cortar la tela que cubre el tema en cuestion. Gracias Madeleine