
El hombre se veía claramente indignado, gesticulaba de forma exagerada y le explicaba a su interlocutora la injusticia cometida contra él. De dónde sacaron eso, decía, nunca voy a entender la sanción. Cuando más acalorado estaba el susodicho, la mujer que lo acompañaba lo miró con cara de quien descubre el agua tibia y le preguntó, ¿te leíste el convenio colectivo de trabajo? De inmediato la indignación desapareció de la cara del individuo, y en su lugar se reflejó algo así como, ¿el qué…?
Lo cierto es que en no pocas entidades del país ese documento vital está relegado al fondo de una gaveta o al rincón polvoriento donde se acumulan los papeles sin importancia. El que debería ser un texto manoseado hasta el cansancio por todos los trabajadores, flota muchas veces en el limbo del desconocimiento, sin que se aplique todo aquello que sus páginas contienen. Es en el convenio donde se recogen los aspectos consensuados entre el sindicato y la administración para el buen funcionamiento de un centro, de ahí la importancia de que ambas partes lo dominen al dedillo.
Sin embargo, las problemáticas al respecto comienzan desde el mismo momento de su elaboración. Si el documento no se aprueba en asamblea de trabajadores, sobre la base del trabajo previo de una comisión heterogénea donde están representadas ambas partes, primarán solo los intereses de una de ellas. ¿De qué sirve que el director de una entidad redacte el convenio desde su buró, sin tener en cuenta en lo más mínimo la opinión de sus colaboradores, como ha acuñado el profesor Calviño? Si por el contrario, los dirigentes sindicales se reservan ese derecho, sin ponerlo a consideración de los administrativos, tampoco se cumplen los objetivos esenciales.
Para mirar la otra cara de la moneda, vamos a suponer que todo el proceso se desarrolló de acuerdo con lo establecido, con la transparencia y claridad que requiere, pero si concluida la asamblea, nadie vuelve a recordar el contenido del documento, entonces el esfuerzo mancomunado también habrá sido en vano.
El derecho laboral en Cuba transita hoy por estadios superiores, y el Código de Trabajo vigente es una muestra de ello. Su aprobación, partió de la consulta con las masas, del análisis del proyecto en cada sección sindical, para conformar una ley ajustada a la realidad de los trabajadores cubanos. Sobre esa base, debe existir claridad de que el convenio colectivo es como el código de cada entidad, adaptado a sus particularidades.
Esa es la razón por la que debe cumplirse el periodo establecido para darle seguimiento, y también para actualizarlo en concordancia con las características de cada centro. Tareas todavía pendientes, por las que todo trabajador tiene el deber de velar y el derecho de exigir.
Una aplicación consciente del convenio colectivo de trabajo, evita las decisiones arbitrarias, las sanciones injustas e incluso, permite que cada entidad cumpla con más eficiencia su objeto social, y que cada quien sepa el papel que le corresponde. Demostrado está, que el desconocimiento de la ley no hace a quien la viole menos culpable y ese principio es perfectamente aplicable a este tema.
El reto está en abrir la gaveta, desempolvar el convenio, y convertir su estudio en una práctica cotidiana, que sirva de cimiento a las relaciones de igualdad entre jefes y subordinados y al respeto mutuo, como principio indispensable para la obtención de resultados.


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Ricardo Muñoz G dijo:
1
25 de junio de 2015
21:03:29
GISELA dijo:
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26 de junio de 2015
17:49:57
Leidys dijo:
3
30 de junio de 2015
09:53:53
Jose Luis dijo:
4
30 de junio de 2015
17:58:46
palax dijo:
5
1 de julio de 2015
13:42:38
leonor dijo:
6
1 de julio de 2015
16:27:14
Naskicet dijo:
7
2 de julio de 2015
12:57:28
Carla manuela dijo:
8
17 de julio de 2015
11:07:54
alejo dijo:
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21 de julio de 2015
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ALEJO dijo:
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22 de julio de 2015
06:47:27
ALEJO dijo:
11
28 de julio de 2015
08:01:59
Angel Omar Cortina Torres dijo:
12
19 de agosto de 2015
16:16:51
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