ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Es un manual conocido, se lanzan mensajes que se contradicen, la persona queda atrapada entre relatos que no cierran. Foto: Cubaenresumen

La disonancia cognitiva es la confusión que puede surgir cuando alguien sostiene dos ideas que no encajan. Leon Festinger lo describió en 1957; un fumador sabe que el cigarro lo mata y enciende otro, entonces busca una salida: deja el vicio, niega el daño o se inventa una razón, esa tensión es puramente humana, pero también es un blanco.

Conocemos que la guerra cognitiva no se limita a mentir, manipular o desinformar, busca romper la coherencia de una persona, de un ejército, de un país. No quiere solo que usted crea algo falso, quiere que no pueda sostener ninguna interpretación estable de la realidad, ahí entra la disonancia, se induce, se amplifica, se explota.

Es un manual conocido. Se lanzan mensajes que se contradicen; la persona queda atrapada entre relatos que no cierran; si no puede resolver la contradicción, se desconecta, se radicaliza o se aferra a una sola verdad simple; las tres reacciones sirven a quien ataca.

Después viene la saturación: bots, trolls, filtraciones, videos falsos, noticias ciertas mezcladas con falsedades, no con el objetivo de convencer, lo que buscan es agotar.

Una población cansada de dudar acepta cualquier relato que le devuelva algo de calma, y una sociedad rendida es una sociedad más fácil de manejar.

Se convierte en un arma de guerra cognitiva cuando se usa para crear un conflicto interno insoportable en el individuo, forzándolo a elegir entre sus creencias y su supervivencia. En el caso de Cuba, la estrategia busca fracturar la psique del ciudadano haciéndole sentir que su lealtad y su realidad material son incompatibles.

Uno de los ejemplos más claros es la creación de una narrativa en la que el sufrimiento material del pueblo cubano es presentado como consecuencia exclusiva de su propio Gobierno, ocultando deliberadamente el impacto del bloqueo económico externo.

En la guerra cognitiva contra Cuba, la disonancia cognitiva no es un efecto colateral, sino un objetivo estratégico; pretende que el ciudadano cubano viva en un estado de contradicción permanente que agote su capacidad de análisis y de acción colectiva. La meta no es convencerlo de una idea, sino impedir que pueda sostener ninguna idea con coherencia, dejándolo aislado, desconfiado de sí mismo y emocionalmente agotado.

Cómo se expresa la disonancia: El ciudadano experimenta escasez, apagones y falta de medicinas; su creencia es que un enemigo externo (EE. UU.) es el responsable principal. Sin embargo, el ecosistema mediático hostil repite hasta la saciedad que la culpa es del Gobierno cubano, que «no sabe administrar» o que «roba» los recursos.

El objetivo es que el ciudadano empiece a dudar de su propia capacidad para interpretar la realidad y de la legitimidad de su resistencia. En ese campo de batalla, la coherencia no es un lujo, es una forma de resistencia.

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