El podio del máximo órgano normativo de la ONU fue tomado, una vez más, por Washington, como escenario para desviar la atención del tema central que se discutía este martes en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
La existencia del bloqueo es palpable e innegable, tanto para quienes viven dentro como fuera de Cuba. Es un hecho conocido, que afecta a terceros países, de ahí que EE. UU. no tiene argumentos para negarlo, e intenta desplazar la mirada de la comunidad internacional de esa realidad.
Las «herramientas» diplomáticas de la Casa Blanca y sus representantes han mutado. Ya no les es efectivo, ante la mirada del mundo, presionar y amenazar a los Estados soberanos para variar su voto a favor de la resolución que pide el cese del bloqueo contra la Isla. Ahora, crean escenarios que nada tienen que ver con el asunto que reúne por estos días a la AGNU.
Ante ese discurso errado, la delegación de la nación caribeña solicitó mociones de orden. Las acusaciones de Mike Waltz, representante permanente de EE. UU. ante la ONU –en un espacio que debería ser terreno fértil para la paz y el entendimiento– recibieron la respuesta de Cuba.
«Estados Unidos no solo miente de manera grosera y prepotente: falta a la dignidad de los Estados miembros, ejerce presiones y ofende la dignidad del pueblo y del Gobierno de Cuba», afirmó el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla.
El embajador estadounidense se atrevió a culpar a las autoridades cubanas de la compleja situación que vive el país, obviando deliberadamente que el bloqueo ha persistido durante más de seis décadas y que se ha visto arreciado como nunca desde que inició este año.
El cerco petrolero, las órdenes ejecutivas, la permanencia de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, la retención de contenedores con insumos básicos… fueron «olvidados» por Waltz, aun cuando su Gobierno es el responsable de cada una de esas formas de castigo colectivo.
Sin embargo, no faltaron en sus palabras los cuestionamientos a la cooperación médica internacional de Cuba, reconocida luego por buena parte de los oradores de diversas naciones. Se propuso también hacer dudar a los presentes en la magna sala sobre el destino de la ayuda humanitaria enviada por EE. UU. Sí, la desfachatez fue del embajador país que acosa a quienes son solidarios con el pueblo cubano.
Intentó hablar de libertades el mismo al que el Canciller cubano conminó a que su Gobierno les permitiese a sus ciudadanos viajar a la Mayor de las Antillas.
Olvidó también el «mentiroso» permanente de la nación norteña ante la ONU, que se encontraba en territorio internacional, cuando amenazó al jefe de la diplomacia cubana: «Esto es América», dijo.
Las mentiras, se sabe, tienen patas cortas. Así, pese a las calumnias y el show preparado por Washington, la justicia y la razón que le asisten a Cuba en la defensa de su soberanía, fueron acompañadas por numerosas delegaciones, quienes reconocieron que el bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo económico y social de la nación caribeña.








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