ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La intervención del embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, durante el debate sobre el bloqueo a Cuba, ha dejado una imagen reprobable que trasciende la anécdota diplomática.

No fue un simple cruce de declaraciones, fue la exhibición de la doctrina estadounidense contra Cuba.

Waltz negó la existencia del bloqueo con una definición literal y restrictiva. "Un bloqueo es un anillo de barcos militares alrededor de una isla", afirmó, para concluir que "no existe".

En realidad el problema no es semántico, es la negación de una realidad que Cuba documenta con cifras irrebatibles.

En el período 2025-2026, los daños del bloqueo ascendieron a 8.083,3 millones de dólares, un récord.

Detrás de esa cifra hay apagones prolongados, familias sin agua potable, sin medicamentos esenciales, el embajador yanqui puede discutir el término, pero no puede negar el efecto.

La retórica de Waltz buscó invertir la carga moral, acusó al gobierno cubano de enriquecer a una elite mientras la población enfrenta carencias, recursos propios de una campaña de descrédito, no de un debate sobre política exterior.

Es una narrativa que busca deslegitimar cualquier reclamo cubano antes de que se formule.

Por demás el incidente revela la fragilidad en la posición estadounidense, cuando el canciller cubano Bruno Rodríguez interrumpió el discurso para llamar al orden, Waltz reaccionó con una afirmación de poder territorial "Estamos en los Estados Unidos de América", gritó, "y aquí nadie me va a intimidar".

Olvidó que la ONU no es territorio soberano de un solo país, es el foro donde las naciones se reconocen como iguales.

Al confundir la sede con su territorio, el embajador mostró que su argumento no se sostiene en el terreno de las ideas, sino en el de la fuerza.

El canciller Rodríguez acusó a Waltz de mentir y de ofender la dignidad del pueblo cubano.

La votación que, por trigésimo cuarta vez, la Asamblea General realizará sobre el bloqueo, aunque no es vinculante, ha obtenido históricamente un respaldo abrumador.

La intervención de Waltz fue un ejercicio de negación, negó el bloqueo, negó la responsabilidad de su país en el deterioro de la vida cotidiana en Cuba y negó, en última instancia, la naturaleza misma del foro en el que hablaba.

Al hacerlo, no debilitó la posición cubana, expuso, con una claridad que ningún documento podría igualar, la lógica de una política que prefiere el castigo colectivo a la negociación.

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