ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La intención del Gobierno de Estados Unidos de llevar a cabo ejecuciones públicas, incluso mediante retransmisiones en directo, ha provocado la condena inmediata de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

La onu afirmó recientemente que ello constituye una forma de trato o pena cruel, inhumana y degradante, y que vulnera la prohibición absoluta de la tortura establecida por el derecho internacional.

El pronunciamiento se produce un día después de que el Gobierno estadounidense confirmara que la población podrá presenciar en vivo la ejecución de Nidal Hasan, exsiquiatra del Ejército condenado a muerte por matar a 13 personas en 2009 durante un tiroteo masivo en la base militar de Fort Hood, Texas.

Un funcionario del Pentágono confirmó, bajo condición de anonimato, que la ejecución, programada para el próximo 3 de diciembre, «será pública y transmitida en vivo».

Hasta el 1ro. de julio de 2026 en Estados Unidos había 1 977 reclusos en el corredor de la muerte, entre ellos 45 mujeres. Mientras datos oficiales señalan que el pasado año fueron ejecutadas 47 personas, todos hombres (39 por inyección letal, cinco mediante asfixia por nitrógeno y tres por pelotón de fusilamiento).

Esas noticias y estadísticas corresponden al país que fabrica listas negras para condenar a sus adversarios; cuando muchos son los indicadores negativos que señalan a la superpotencia como primer lugar mundial de encarcelamientos, homicidios policiales, campos de concentración para migrantes, arrestos, persecuciones racistas, deportaciones masivas y muertes bajo custodia en centros de detención.

Según el Informe Mundial sobre la Población, desde 2022, ee. uu. ocupa la primera posición entre los diez países con mayor cantidad de reclusos, con un total de 2 068 800.

Por otra parte, según un artículo publicado en The Lancet, entre 1980 y 2018, más de 30 000 personas murieron a manos de la policía en EE. UU. y de acuerdo con Mapping Police Violence, un grupo de investigación sin fines de lucro que ha estado monitoreando homicidios policiales en Estados Unidos desde 2013, la policía mató a más de

1 250 personas en 2024. Esta cifra sombría representa el año más mortífero jamás registrado por esa organización.

Respecto a la persecución y el arresto de migrantes, solo durante el mes de agosto de 2026, ice (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos) arrestó a 50 925 migrantes en todo el país, casi el doble que los registrados en agosto del año pasado, y más de cinco veces la cifra de agosto de 2024, cuando Joe Biden era presidente.

La Casa Blanca ha dicho que su objetivo es llegar a 2 000 arrestos al día.

Ello tributa a las cifras récord de deportaciones durante los dos mandatos del actual Presidente que acumula alrededor de 1,9 millones de deportaciones (aproximadamente 932 000 durante su primer mandato y más de 985 000 durante el segundo). A ello se suman los casi 2,2 millones que se autodeportaron durante la actual administración, huyendo de las redadas y la represión en las comunidades, que se ha incrementado constantemente.

Las deportaciones de cubanos durante los dos mandatos de Donald Trump rondan las 12 000, según una estimación que combina registros oficiales y datos obtenidos de las autoridades migratorias de Estados Unidos. Otras fuentes dicen que hasta el 4 de octubre superaban los 13 000.

Aparejada a la condena a las condiciones infrahumanas de los centenares de centros de detención de inmigrantes, las jaulas para el encierro, las torturas físicas y sicológicas, los homicidios de la autoridad en persecuciones, se han extendido las demandas por muertes de personas bajo custodia de ice, que solo en 2025 se reportaron más de 30 fallecidos y hasta el 15 de julio del presente año sumaban al menos otras 22.

Aunque altos funcionarios de la administración mienten y culpan a otros de cometer sus propios crímenes, son parte vergonzosa de «un gobierno capaz de encarcelar y matar, y que lo ha hecho» como lo demuestran estas estadísticas de los propios medios estadounidenses que no pueden ocultar las verdades que los desenmascara como culpables directos.

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