ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Este 6 de octubre está previsto el cierre oficial de la transacción mercantil y el surgimiento de Skydance, ente resultante de la fusión de ambos conglomerados, aprobada definitivamente el 30 de septiembre tras múltiples vaivenes. Foto: Archivo

La puja entre Netflix y Paramount por hacerse de Warner Bros. adquirió, en su curso, ribetes cinematográficos, por su clima de suspenso, falsas pistas y giros radicales de guion estampados desde diciembre del pasado año hasta este martes.

En un momento, la mayoría creyó que la casa de la N roja –tras un primer acuerdo a su favor– absorbería al histórico estudio hollywoodense.

En febrero del actual año, todos dentro de la Warner pensaban que nada impediría el abrazo con Netflix, e incluso sus principales directivos propalaban ilusorios comunicados sobre el auspicioso futuro común que les sobrevendría.

Pero el poder político intercedió, antidemocráticamente, en una cuestión mucho más que mercantil. El alto mando de Paramount (la todopoderosa familia conservadora Ellison, cuyo patriarca, Larry, uno de los tres hombres más ricos del planeta, dirige Oracle) posee vínculos estrechos con la administración Trump.

Así, la Casa Blanca intervino directamente en el proceso, mediante asistencia legal, presencia de expertos, cabildeo y su tenebroso e indispensable trabajo en la sombra, pues temía sobremanera que la Warner pasara a manos de Netflix, por considerar a esa plataforma de streaming poco afín a su agenda ideológica.

Mike Howell, director de Oversight Project, un think thank conservador cercano a Trump, aseguró que Netflix –según él, una empresa manejada por «operadores y donantes de alto perfil del Partido Demócrata y élites afines»– instrumentaba un plan destinado a «construir la mayor máquina de mensajes políticos e ideológicos de la historia de la humanidad».

«UN MAL ACUERDO PARA EL CINE, EL PERIODISMO Y LA DEMOCRACIA»

En julio, 12 estados demócratas demandaron en tribunales la fusión Paramount–Warner aprobada por Trump, en tanto «causaría un perjuicio considerable a las salas de cine, a los distribuidores de televisión por cable básica y al público de todo el país».

Poco después, más de 5 000 relevantes figuras de Hollywood publicaron una carta abierta contra el acuerdo, al cual calificaron como «un mal negocio para el futuro del cine, el entretenimiento, el periodismo independiente y una democracia sólida en este país».

Considerada por estas propias figuras (actores, directores, productores…) como «una gran victoria para Trump», la fusión entrañará una carga a profundidad de energía proselitista republicana en grandes medios de comunicación.

Al final, fuese a caer bajo la égida de Netflix o Paramount, cualquier alianza sería –y es– una práctica oligopólica, en controversia con las mismas leyes antimonopólicas en teoría existentes; pero lo esencial radica en que otorga al comprador un poder inconmensurable en Hollywood, brazo insustituible del poder.

Un poder extendido a los medios de comunicación bajo la antigua matriz de Warner, que, al pasar oficialmente ya a Paramount, deben alinearse en un enfile pro trumpista. Finalmente, la administración podría quitarse del medio a CNN y echar en su redil, también, a CBS. Una verdadera aplanadora de la mínima señal de disenso o de visión alternativa, todo a merced, en lo adelante, del trumpismo.

PÉRDIDAS ABRUMADORAS, EN MUCHOS SENTIDOS

Este 6 de octubre estaba previsto el cierre oficial de la transacción mercantil y el surgimiento de Skydance, ente resultante de la fusión de ambos conglomerados, aprobada definitivamente el 30 de septiembre tras múltiples vaivenes –e incluso el anuncio de una pausa hasta 2027, luego revertida– y el desembolso final de 111 000 millones de dólares por la dinastía Ellison.

En consideración de intérpretes como Mark Ruffalo, solo beneficia a «multimillonarios oligarcas corruptos» y «sofocará la creatividad, debilitará la libertad de expresión y costará puestos de trabajo a mucha gente; es un mal acuerdo para los Estados Unidos y nunca debería haberse aprobado» (…) Nunca se trató solo de una fusión: se trataba de plantar cara a los multimillonarios oligarcas corruptos que pisotean los intereses de la gente para llenarse los bolsillos».

El saldo gravoso de la fusión puede consultarse en el informe presentado ante la Junta de Supervisores del Condado de Los Ángeles, el 18 de agosto de 2026, por el Departamento de Oportunidades Económicas.

Sus elementos los abrevia, igual, el portal Web Socialist World Site, en un artículo del 31 de agosto: «Abrumadoras son las pérdidas proyectadas: 10,360 años–trabajo en riesgo en el condado de Los Ángeles, 14,000 años–trabajo corporativos adicionales debido a la consolidación a nivel mundial hasta el 2030, 1.26 000 millones de dólares en salarios, 2.79 000 millones de dólares en valor económico, 4.06 000 millones de dólares en producción empresarial y 547 millones de dólares en ingresos fiscales».

Las estimaciones del informe son, de hecho, muy conservadoras. Se centran estrictamente en las consecuencias económicas directas de la fusión y no intentan medir las consecuencias más amplias de las políticas de la administración de Trump, incluyendo el ataque a los programas sociales, la escalada hacia la guerra en el extranjero, la interrupción de las cadenas de suministro globales como resultado de la guerra con Irán y la extrema volatilidad de los mercados financieros.

Cual agrega el sitio Web Socialist World Site, la fusión intensifica una crisis que ya está en marcha. Esa crisis no es producto de una sola corporación o partido político, sino del propio sistema capitalista. La fusión forma parte de una transformación más amplia, en la que los medios, la tecnología y el poder estatal se están concentrando bajo el control de una oligarquía financiera.

«Oracle, la empresa que se forjó a partir de un contrato inicial con la CIA y que ahora proporciona infraestructura de computación en la nube e inteligencia artificial al Pentágono y a las 17 agencias de inteligencia de EE. UU., se encuentra en el centro de este proceso. El mismo imperio corporativo que está a punto de controlar CBS News y CNN está integrado en la maquinaria de la guerra, el análisis de campos de batalla, la toma de decisiones autónoma y la vigilancia global.

«Este es el Complejo Militar –Industrial-Mediático. Bajo este sistema, el periodismo y el arte son tratados cada vez más como datos y mercancías, subordinados a intereses financieros y geopolíticos. Un imperio mediático vinculado a la Casa Blanca y profundamente integrado en el estado de seguridad nacional poseerá un poder enorme sobre las noticias, las películas, las narrativas históricas y los límites del pensamiento político permisible», remarca el sitio Web Socialist World Site.

Las teorías de los grandes filósofos materialistas ya profetizaban las concentraciones extraordinarias de riquezas, en tanto parte de la acumulación capitalista.

Pese a que tales absorciones forman parte del ciclo natural del capitalismo, y que a lo largo del siglo en curso se han realizado numerosas de alto y mediano impacto universal, tanto la de marras como otras recientes anulan la competencia y se apropian de iconos de la cultura y la ideología norteamericanas.

La alianza de estos oligopolios con los grandes actores de poder político podría enrumbar –aun más– las estrategias en función de las necesidades de dicho poder: por regla, inversas a las de esa demográficamente determinante parte del mundo, pobre, desfavorecida o en camino al desarrollo.

Otro sueño trumpista convertido en amarga realidad.

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