La desfachatez del Departamento de Estado no tiene límites ni antecedentes y cada vez parece más un instrumento mafioso de grupos de poder en la Florida o Israel, para imponer la paz por la muerte que por la diplomacia o la negociación civilizada.
Con más poder, odio y ambiciones económicas que carrera política o experiencia para la paz, el aparato encargado de instalar el neofascismo en el mundo y controlar el traspatio con las cañoneras, los corruptos y las tiranías, apuestan al genocidio del pueblo cubano con un bombardeo semanal y casi diario de medidas, mentiras y amenazas.
Mensajes personales intimidatorios, anuncios oficiales, discursos, entrevistas, noticias falsas, informes de los departamentos del Tesoro o de Estado y la ofac, filtraciones, artículos de prensa, declaraciones de legisladores o candidatos ultraderechistas al Congreso y gobernaciones, jefes de policía o militares miamenses, periodistas, terroristas y mercenarios, son ingredientes permanentes de la guerra total contra los cubanos mientras el «maestro» de Trump cierra todas las válvulas, menos las del gas asesino que asfixia al pueblo cubano por hambre, falta de medicamentos, agua, energía eléctrica, transporte, cirugías, alimentos para niños, madres o ancianos.
Apoyados en leyes subversivas, los enemigos del pueblo cubano basan el castigo colectivo en una mentira que tratan de globalizar y presentan como «Imposición de sanciones a los responsables de la represión en Cuba y de las amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos».
Aunque las medidas afectan directamente al sector privado cubano que no podrá abrir cuentas bancarias en ee. uu., que le robarán el dinero que ya tienen legalmente en aquel país, que no les permitirán transacciones de ningún tipo por esa vía, mientras cierra casi totalmente las puertas a los ciudadanos estadounidenses para que no puedan viajar a Cuba por ninguna razón, privándolos de un derecho elemental, el aparato de la guerra contra la Isla, acude al texto de Miami, que su principal representante en Washington disfruta, como verdugo al mando del plan que un equipo macabro se encarga de dosificar con justificaciones que nadie les cree:
«Ampliar y reforzar de manera significativa las sanciones y la presión económica sobre la Cuba comunista, su represivo aparato militar y de inteligencia, sus redes subversivas y terroristas, y quienes facilitan su financiación».
«La Administración Trump mantiene su compromiso de aprovechar todas las facultades sancionadoras de que dispone para impulsar una reforma significativa en Cuba, apoyar las aspiraciones de libertad del pueblo cubano y exigir responsabilidades a los individuos y entidades que suponen una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos».
El último castigo expresamente contra el sector privado del pueblo cubano y contra los derechos de los ciudadanos estadounidenses, sucede a recientes ofensas del Secretario de Estado que nadie tiene derecho a realizar contra otros seres humanos, de inventar y repetir falacias y ultimátum contra un país, su gobierno y su economía.
La escasez de escrúpulos y el encargo mafioso de quienes impulsan tales acciones, desconocen la historia y no aprenden de la estatura, el ejemplo y la estirpe de los cubanos que han derrotado a Goliat en todas sus dimensiones y épocas. Curados de espanto y sin miedo a las amenazas, seguiremos resistiendo con la razón y la verdad.








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