ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Obra de Michel Moro

¿Por qué una persona que sufre constantes muestras de racismo en los estadios de fútbol españoles se colocaría, gustosa, una camiseta que, mientras desborda solidaridad con unos, invisibiliza al migrante –racializado por demás– y hasta puede rozar su criminalización?

¿Por qué el hijo de un camerunés y una argelina –que conoce bien de cerca el mundo de los migrantes africanos en la periferia de París– tiene que sentir como ajena la suerte de miles de personas que cruzan, como pueden, una frontera?

Estas son preguntas que muy pocos se hicieron durante la semana anterior cuando Vinicius Jr. y Kylian Mbappé vistieron a medias una remera en apoyo a la población de Ceuta, epicentro de noticias en las últimas semanas, si de migración irregular se trata.

Otro futbolista francés del Real Madrid, Ibrahima Konaté, cuyos padres nacieron en Mali, acompañó a las dos estrellas del equipo en su iniciativa de no mostrar por completo el mensaje «Todos somos caballas», el cual alude al gentilicio popular con que se les conoce a quienes moran en el enclave norafricano bajo jurisdicción española.

El hecho aconteció en los minutos previos a un partido contra el Elche. El resto de los jugadores de ambos equipos vistió la franela en apoyo a los ceutíes. Otros conjuntos de La Liga adoptaron también la idea –nacida de la Asociación Valenciana de Empresarios–, como el Betis, el Villarreal y el Levante Unión Deportiva, mientras que en choque con este último, los jugadores del Fútbol Club Barcelona salieron a la cancha sin que alguno de ellos llevara la frase.

«El deporte no es político», se dice una y otra vez. Algunos podríamos estar de acuerdo si el deporte se redujera a una competencia más o menos sana, tres goles y diez regates. Pero el deporte, parece perogrullada decirlo a estas alturas, es un poco más que eso.

Antes, durante y después de los toques a un balón, el deporte a nivel internacional es un espacio publicitario. Y es justamente un espacio publicitario por la alta audiencia que genera. Se publicitan no solo productos y negocios, sino también ideas, estilos de vida y, en no pocas ocasiones, entendimientos sobre héroes y villanos.

La Liga española de fútbol no es ajena a las disputas de sentido en torno a acontecimientos harto sensibles (y políticos, aunque se quiera vender por cuestión humanitaria) como el genocidio en Palestina –piénsese en el Athletic Club de Bilbao o en el Rayo Vallecano– o la propia migración, con voces como las de los hermanos Nico e Iñaki Williams, que vindican constantemente los pies descalzos de su madre atravesando el desierto de Sahara. Lamine Yamal es otro de los que se han pronunciado sobre uno y otro fenómeno.

Está claro que la migración en el norte de África, al igual que otras que nos tocan de cerca, es más compleja que quién se pone o no una camiseta.

Pero tiene, como mínimo, un valor… vestir a medias la prenda de la campaña de turno y no olvidar quiénes son tus padres, de dónde vienen y cómo llegaron, máxime en un mundo donde los grupos de ultraderecha amplían sus cuotas de poder, enarbolando la bandera de un nacionalismo a conveniencia, criminalizando a las personas migrantes y apuntando la bala, también, a quien se les parece.

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Jorge Félix dijo:

1

23 de septiembre de 2026

07:46:59


Totalmente de acuerdo con este artículo. El deporte, por muy sano que pueda ser también muy hipócrita. El ejemplo de las camisetas a medio vestir es un acto donde se demuestra que se olvida, muchas veces, la procedencia cuando el dinero manda. Estos son muy buenos deportistas, pero unos tipos que se mueven solamente por intereses.