ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El catálogo de agresiones de Estados Unidos en el mundo es extenso y está escrito con sangre. Foto: AFP

La guerra entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a encender sus fuegos con una virulencia que ningún observador sensato podría calificar de sorpresiva.

Lo que comenzó unas semanas atrás, con ataques estadounidenses a posiciones de la Guardia Revolucionaria en el estrecho de Ormuz, ha derivado en una espiral de violencia que ya deja un saldo estremecedor: al menos 18 muertos y más de 140 heridos en territorio iraní, entre ellos 61 mujeres y 44 menores de edad.

Como acostumbra, con sus habituales bravatas, la administración Trump no ha escatimado en retórica belicista. «Fue un ataque muy fuerte anoche, y estamos preparados para hacer otro en cualquier momento que queramos», declaró el mandatario, según refiere cctv.

Al tiempo que amenazaba con aniquilar por completo al país persa, con esta sería la 14 ocasión en que utiliza más o menos las mismas palabras. «Si ocurre por tercera ocasión, van a ser totalmente aniquilados como país», cita Xinhua.

Para cumplir con las palabras del Presidente, el portaviones uss George Washington navega «cargado hasta el tope», y el Comando Central estadounidense ha ordenado a 86 buques comerciales cambiar de rumbo, además de abordar e inspeccionar varias embarcaciones.

Pero Irán, como ha demostrado en seis décadas de resistencia, no se doblega ante las amenazas. La respuesta no se ha hecho esperar: misiles y drones han impactado bases y activos estadounidenses en Jordania, Kuwait, Bahréin, la región kurda de Irak y Emiratos Árabes Unidos, mientras Teherán advierte que cualquier nueva agresión será respondida de forma «dura y devastadora».

Lo que está en juego, sin embargo, trasciende el mero pulso militar. El estrecho de Ormuz, por donde transita una porción sustancial del petróleo mundial, se ha convertido en el epicentro de una confrontación que ya ha disparado el precio del Brent hasta los 94 dólares por barril.

Mientras, el llamado de la comunidad internacional a la paz resuena en el vacío, cuando una de las partes, la más poderosa, parece empeñada en llevar la confrontación hasta sus últimas consecuencias.

No es la primera vez que Washington siembra muerte y destrucción en Medio Oriente. Irak, Afganistán, Libia, Siria... el catálogo de agresiones es extenso y está escrito con sangre.

Pero Irán no es el país quebrado que dibuja Trump en su red social, ni una nación sin recursos. Posee misiles balísticos capaces de alcanzar bases estadounidenses en toda la región y una estrategia de resistencia que, según sus propias autoridades, está diseñada para «quebrar los cimientos» de sus agresores.

Así el mundo contempla con estupor cómo el Medio Oriente se precipita una vez más hacia el abismo y cabe preguntarse: ¿cuántas vidas más tendrán que pagar el precio de la arrogancia imperial? ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Washington para mantener su dominio sobre los recursos energéticos del planeta?

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