ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Tomada de IDAS.OAXACA

Las fuerzas de resistencia palestina en la Franja de Gaza han descubierto un nuevo dispositivo aéreo para hostigar al pueblo israelí y retar a su ejército. La tecnología, asegura la inteligencia sionista, es incluso superior al sistema de drones iraníes, si se contrasta su alcance, daño potencial y costo de producción. No emplea metales; no es sensible ante un radar.

El artefacto resulta particularmente hostil en días de mucho aire, cuando logra alturas de cientos de metros. Sus víctimas advierten haber sido hostigadas también en días de brisa leve. Lo ideal, aseguran, es que no se mueva ni una hoja. Lo perfecto, dicen, es que todo luzca muerto.

La iniciativa palestina es tan desproporcionada, que utiliza mayormente a niños como mano de obra para construir los dispositivos e incluso para volarlos, lo cual ha validado a las autoridades israelíes a la hora de reiterar que un terrorista también puede tener ocho años o menos.

Si bien la nueva arma funciona anclada a tierra mediante un cordel, a veces este puede romperse y el aparato continúa volando sin rumbo –puede que kilómetros– hasta caer con trayectoria irregular y a toda velocidad en cualquier parte.

El fuselaje de la técnica gazatí no es homogéneo; puede mostrarse de diversos tamaños y formas, sin que esto afecte necesariamente la calidad de su vuelo. Los materiales para su construcción son reciclados de insumos personales o se encuentran entre la basura, por lo que el costo monetario por unidad, en ocasiones, desciende a cero.

Asimismo, el invento no busca mimetizarse con el ambiente para evitar ser detectado; por el contrario, se les ha visto de colores muy vivos y contrastantes entre sí, lo cual los hace distinguibles a miles de metros, sin necesidad de utilizar herramientas especiales de visualización. Varios han sido confeccionados simulando una bandera palestina o incorporando simbología relacionada.

Los especialistas israelíes, tras capturar varios ejemplares que habrían ido a parar a territorio ocupado, efectuaron un análisis minucioso de sus morfologías. Detectaron que no cuentan con cámaras incorporadas para labores de reconocimiento aéreo ni explosivos, aun así, amenazaron con arreciar sus operaciones militares en la Franja de Gaza, de continuar esta clase de operativo de desgaste.

Dadas las amenazas reiteradas del ejército de Israel –que ha acusado una y otra vez lo violatorio al derecho internacional y humanitario de estos vuelos–, desde Gaza se ha reportado una disminución abrupta de las ingeniosas incursiones aéreas.

Temiendo –más– por la vida de sus hijos e hijas, padres y madres del enclave levantino han prohibido a sus pequeños continuar con estas ejecutorias. No hay indicios de que la producción artesanal se haya detenido, pero el hecho de volarlos se ha tornado demasiado riesgoso para las infancias y para todos en general.

Los papalotes palestinos no espían, no explotan, pero vuelan. Pero volar, en ciertos contextos, confirma la existencia de vida e imaginación. En ciertos contextos, imaginar es sospechoso y vivir, delito.

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