
Una elección puede decidirse en las urnas y, al mismo tiempo, librarse en millones de pantallas. Tras los comicios colombianos del 21 de junio, Gustavo Petro denunció dos operaciones israelíes: atribuyó a una entidad llamada BlackCore el uso de 500 000 perfiles falsos y señaló a Black Cube por una presunta alteración informática del escrutinio.
Conviene aclarar los términos. Un bot, abreviatura de robot, es una cuenta que publica o comparte miles de mensajes automáticamente. Muchos bots coordinados pueden hacer que una consigna parezca espontánea o mayoritaria. Segmentar esos mensajes permite, además, enviar anuncios distintos según edad, ubicación, intereses o conducta en internet. La inteligencia artificial abarata y multiplica textos, imágenes y videos. Todo eso puede deformar a niveles insoportables la conversación pública e impactar en resultados electorales.
La denuncia de Petro no sale de la nada. BlackCore fue investigada en Francia por campañas digitales con cuentas falsas y algunas fuentes la ubican en Tel Aviv. Black Cube es una compañía privada fundada en 2010 por antiguos integrantes de las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia de Israel. Venden investigaciones encubiertas, recuperación de activos y apoyo en litigios.
Dicho sin jerga, Black Cube convierte técnicas asociadas al espionaje estatal en servicios comerciales: identidades falsas, acercamientos secretos, grabaciones y perfiles detallados de personas. El diario The New Yorker reveló en 2017 que abogados de Harvey Weinstein contrataron a la firma para obtener información sobre mujeres que acusaban al productor cinematográfico de abusos sexuales y sobre periodistas que investigaban esas denuncias. En 2018, la revista documentó otra operación contra exfuncionarios de Barack Obama que defendían el acuerdo nuclear con Irán.
Israel no es ajeno al mercado de la vigilancia: la Agencia de Control de Exportaciones de Defensa regula las exportaciones de equipos, conocimientos y servicios considerados de seguridad. Hay miles de evidencias de tecnologías israelíes de espionaje que han sido utilizadas para la vigilancia, el control e incluso el asesinato selectivo de palestinos.
El historial de Black Cube también llegó a la política europea. En marzo de 2026, la agencia eslovena de inteligencia, SOVA, dijo tener pruebas materiales de vínculos entre tres representantes de la empresa y visitas a la sede del partido derechista SDS. El Gobierno habló de interferencia extranjera y remitió la información a la Policía y la Fiscalía. Janez Janša, dirigente del SDS, reconoció contactos con un asesor de la firma.
En Colombia, la pregunta urgente no es si las redes influyen: lo hacen. Como también es harto conocido que el Estado israelí no es un espectador ajeno a esta industria: autoriza la exportación de sistemas de espionaje como Pegasus, utilizado contra periodistas, activistas y dirigentes políticos. El precedente más brutal ocurrió en septiembre de 2024 en el Líbano, cuando miles de buscapersonas (beepers) y radios manipulados por la inteligencia israelí estallaron simultáneamente, causando víctimas también entre la población civil.
La denuncia de Petro ha obligado a mirar el problema de fondo: quién acumula la capacidad de entrar en nuestros dispositivos, orientar la conversación pública, transformar un teléfono en un arma y hacerlo sin responder ante nadie.








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