El empleo acrítico e indiscriminado de la inteligencia artificial (IA) podría afectar el desarrollo del pensamiento lógico de niños y adolescentes, una capacidad que necesitan entrenar desde edades tempranas para poder resolver problemas con cabeza propia.
Todavía hay mucha incertidumbre sobre las probables repercusiones. No obstante, exámenes recientes ponen de manifiesto la magnitud y la rapidez con que los muchachos están adoptando la IA, «al tiempo que revelan los riesgos y las brechas que conlleva», advirtió el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
Si bien los adelantos en este campo pueden brindarles «oportunidades para aprender, jugar o ser creativos, apenas se han realizado pruebas sobre su papel en el desarrollo cognitivo, la dependencia emocional y la exposición a los daños», reiteró el organismo en junio de 2026.
Hasta el momento se han identificados riesgos como «la descarga cognitiva»; es decir, cuando la IA «piensa» por ellos al realizar distintas tareas, incluidos los ejercicios curriculares.
A partir de encuestas en diez países, un análisis de la Unicef estimó que al menos 20 millones de chicos entre 12 y 17 años de edad ya habían utilizado herramientas de inteligencia artificial dejando a la zaga a los adultos con quienes conviven.
La pesquisa reveló que la herramienta se ha instalado especialmente en la educación. Seis de cada diez niños dijeron recurrir a la IA para hacer sus deberes escolares y encontrar información, una proporción que equivale a unos 13 millones de sujetos en el conjunto estudiado.
En los tres Estados con los niveles más altos en el uso para tareas cotidianas, un promedio del 76 % de los menores implicados declaró que lo hacía con fines de apoyo académico, abundó el reporte.
«Esto sugiere que la IA ya está desempeñando un papel importante en el aprendizaje, al tiempo que plantea preguntas importantes sobre la posible descarga cognitiva y el sesgo informativo», expuso Unicef.
Desde hace décadas con el boom cibernético y el surgimiento de internet, se propagó por el orbe la cultura del «corte y pega», afianzando peligros de gran magnitud, pues podrían significar que incontables individuos reproducen mecánicamente las ideas de otros en vez de reflexionar y elaborar sus propios criterios.
Aunque el entramado digital facilitó tales prácticas, no podrían calificarse como inéditas. Por ejemplo, los maestros habían detectado incongruencias entre el léxico y el raciocinio de los discípulos en el aula y sus trabajos hechos en casa. Además, algunos escritos evidenciaban la reproducción literal de fragmentos de libros impresos.
Según el teólogo brasileño Frei Betto, averiguaciones en su país corroboraron que niños y jóvenes enviciados con internet presentan una considerable pérdida de la capacidad de memorización, redacción e interpretación de textos, y de expresión oral.
En su conferencia «Redes digitales y educación: el secuestro de la subjetividad por el capitalismo», el reconocido intelectual lamentó, además, el interés cada vez menor por la literatura.
A escala latinoamericana y caribeña, tres de cada cuatro educandos de enseñanza media no alcanzan las competencias mínimas en matemáticas, mientras un 55 % no cuenta con habilidades básicas de lectura y 57 %, en las ciencias, certificaron las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes aplicadas en 2022.
De acuerdo con Unicef, el uso de la IA abre oportunidades para aprender, crear o acceder a información, pero también puede sustituir el esfuerzo de pensar, reforzar errores o prejuicios, y fomentar una relación de dependencia emocional con los chatbots.
«Una generación está creciendo dentro de un experimento global», subrayó el ente, al valorar que los niños están cada vez más expuestos a sistemas cuyos modelos de negocio, uso de datos y mecanismos de protección no controlan ni pueden cuestionar.
No solo hay evidencias de la descarga cognitiva, también sobre los perjuicios a cuenta de imágenes, videos y audios ultrafalsos, pero que parecen reales debido a la manipulación extrema (deepfakes).
De igual modo, resulta preocupante la brecha generacional: mientras más de la mitad de los menores encuestados dijo usar la IA, al menos tres de cada cuatro padres o cuidadores nunca lo habían hecho. O sea, numerosas familias pueden carecer de conocimientos para enrumbar el aprendizaje y advertir las amenazas.
Ni controles excesivos ni prohibiciones pueden resolver las dificultades, mucho menos en una época de vertiginosos progresos tecnológicos: familias, escuelas y gobiernos deberían aprender junto a infantes y adolescentes a usar las herramientas de IA con pensamiento crítico y límites claros, aconsejó Unicef.













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