Las últimas artimañas de Marco Rubio contra Cuba tratan de universalizar su plan macabro más allá del genocida bloqueo petrolero, del estrangulamiento de las principales fuentes de divisas y de una cascada de sanciones injustificadas, infladas, descaradas, con el propósito de un cerco total a Cuba, para seguir estrangulando a su pueblo, con el infame pretexto de constituir una amenaza para la Seguridad de EE. UU.
Pero en el camino para intentar destruir al Gobierno y al sistema cubano, su guion apela ahora a la demonización global de la Isla agredida y con el pretexto de tres mentiras, que intenta crear condiciones y buscar el respaldo internacional para una invasión militar u otro crimen.
Mientras trata de dar un tiro de gracia a la Corte Penal Internacional de La Haya, para garantizar la impunidad total de Washington en su intención de dominar al mundo por la fuerza –en tiempos de reyes y neonazis–, trama y preside una cumbre mundial del macartismo o del neofascismo para combatir un nuevo invento del laboratorio imperial: el «terrorismo político de extrema izquierda».
En ese ridículo y peligroso show acusa a Cuba de ser el centro mundial de las extremas izquierdas, promotora del terrorismo y amenaza a la seguridad de EE. UU., una mezcla letal para acomodar la píldora de cualquier acción extrema contra el pueblo cubano, un baño de sangre, en medio del martirio de sus asfixia económica, que suma amenazas, intimidación y desprecio, evidencia del cinismo y la falta de escrúpulos del mismo que manipula hasta el día de hoy los falsos ataques acústicos para destruir las relaciones bilaterales que solo las concibe de subordinación, sumisión total y de venganza contra la Revolución y su pueblo.
El castigo masivo que patrocina Rubio, que somete a apagones, sufrimientos humanos, enfermedades y muertes evitables, parece poco para lo que quiere imponer el círculo infame de momias de la mafia de Miami que lo potenció y no descarta hacerlo Presidente, por si no llega a conseguir con Trump el «cambio de régimen».
Un gobierno de recordistas mundiales en mentiras para gobernar, agredir y someter, que prometió no más guerras y vive de ellas; que lo mismo acude a aranceles que a secuestros de jefes de Estado; que asesina con cohetes y sin juicios a pescadores y supuestos narcotraficantes; encarcela y mata a balazos a migrantes, residentes o ciudadanos; que persigue y silencia a artistas, periodistas, fiscales, jueces y abogados.
El diablo está en su marco ideal. Un destacado columnista estadounidense lo desenmascaró desde los primeros días del segundo mandato de Trump: «el gobierno de los peores». Esa oportunidad no la quiere desaprovechar la mafia prepotente y corrupta de la Florida, empoderada como nunca antes en la Casa Blanca y con un gobierno neofascista con ganas de hacer negocios no importa cuántos tengan que morir.













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