ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Se ha señalado en varias oportunidades que Rubio tiene conexiones con figuras políticas y narcoparamilitares en Colombia, lo que ha suscitado dudas sobre su integridad. Foto: AP

Como maccartista ha calificado este lunes el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, a la reunión ministerial que el próximo 15 de julio se celebrará en Washington, convocada por el secretario de Estado, Marco Rubio, ante un presunto resurgimiento del «terrorismo» ultraizquierdista.

El Canciller cubano aseguró que la cita descansará en la mentira e «intentará fundamentar la existencia de supuestos peligros impulsados por fuerzas progresistas, organizaciones de izquierda, movimientos sociales y todo el que luche contra la opresión, la explotación, el racismo, la guerra, el intervencionismo y la brutalidad imperialista, desatadas por el actual gobierno estadounidense».
Se trata de un paso para restaurar la intimidación y legitimar políticas como el nefasto Plan Cóndor, que se basó en similares pretextos, arguyó el diplomático antillano.

El encuentro ha sido presentado desde Washington como una cumbre mundial de cancilleres, con más de 60 representantes internacionales, si bien aún no se precisa la lista de delegaciones que asistirá a la capital estadounidense este miércoles.

Dentro del propio EE. UU., medios de prensa como The New York Times y The Washington Post han sacado a la luz inconformidades, dentro y fuera del país, en torno al discurso que se ha empleado para el llamado y lo que en realidad persigue, argumentando que se trata de una exageración para criminalizar a la oposición interna, por un lado, y, por otro, avalar la actuación belicista estadounidense extrafronteras.

El rotativo mexicano La Jornada contextualiza que, en septiembre de 2025, la Casa Blanca emitió una orden ejecutiva dirigida a grupos disidentes o activistas de izquierda, denominados como parte de Antifa, y designando a esta «una organización terrorista doméstica».

Sin embargo, aclara el medio, no existe tal entidad, aunque hay redes no centralizadas ni necesariamente coordinadas de agrupaciones que se consideran antifascistas.

Por su parte, Reuters recuerda que esta cumbre emerge tras la «estrategia antiterrorista» del presidente Donald Trump, firmada en mayo de este año, con foco en la identificación y neutralización de lo que el Ejecutivo asume como «grupos políticos violentos y laicos, cuya ideología es antiamericana, radicalmente transgénero o anarquista».

La agencia británica cita a un funcionario del Departamento de Estado, quien arguye que el supuesto peligro global no se ha abordado adecuadamente en el pasado y que «nuestro sistema operativo antiterrorista necesita una actualización para hacer frente a la realidad de tales amenazas, para proteger a los ciudadanos estadounidenses y la seguridad e intereses nacionales de EE. UU.».

Días atrás, la historiadora cubana María Elena Álvarez Acosta reseñó a Granma cómo «el terrorismo» fue un enemigo construido por EE. UU. durante la década de los 90, y afianzado tras el 11 de septiembre de 2001, al quedarse sin adversario ideológico y político a nivel mundial, tras la caída del campo socialista.

Si bien 20 años atrás la idea de la «lucha contra el terrorismo» iba atravesada por imaginarios raciales y religiosos, hoy se engrosa con el viejo enemigo del comunismo, bebiendo de la doctrina maccartista y reavivando los aires de la Guerra Fría.

El contexto regional en el que aparece esta cumbre está marcado por el resurgir de gobiernos de extrema derecha a lo largo y ancho del hemisferio y por el reforzamiento de la política de las cañoneras desde EE. UU., con agresiones armadas a países soberanos como Venezuela e Irán y el recrudecimiento de la política de asfixia a Cuba.

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