ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Mientras el calendario electoral en Estados Unidos se torna adverso para la administración de turno y las contradicciones del capitalismo salvaje se agudizan en el propio corazón del Imperio, la Casa Blanca ha filtrado, a través del Washington Post, una nueva maniobra de distracción global. Según la publicación, el Secretario de Estado estadounidense convocará la próxima semana a una reunión ministerial con al menos 60 países, con el pretexto de deliberar sobre el supuesto «resurgimiento del terrorismo transnacional de extrema izquierda».

Resulta ocioso, y hasta patético, que se emplee el verbo «resurgir» para calificar un fantasma que ni siquiera en sus peores pesadillas ha existido en la realidad objetiva. Sin embargo, la estrategia no es nueva. Ante el descontento creciente del pueblo trabajador estadounidense –víctima durante décadas de políticas neoliberales que han acelerado la concentración de la riqueza en unas pocas manos y deprimido los ingresos de las mayorías–, el gobierno del norte pretende levantar una cortina de humo que oculte su debacle interna y, de paso, sirva como mecanismo de intimidación y sometimiento a las naciones soberanas de Nuestra América y el mundo.

Así lo alertó el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, por medio de su cuenta en la red social Facebook, quien se refirió, además, al peligro de estas convocatorias que buscan revivir el maniqueísmo de la Guerra Fría. «Cuba no acepta condicionamientos. No nos convertiremos en un estado vasallo ni dependiente de potencia alguna, y rechazamos categóricamente cualquier intento de etiquetar a los movimientos progresistas y antiimperialistas como amenazas terroristas», sentenció.

La historia, como bien lo recordó Fernández de Cossío, no se borra con discursos rimbombantes. La convocatoria de Washington trae a la memoria los oscuros episodios de la Europa de 1930, donde el fanatismo y la persecución ideológica allanaron el camino para la tragedia. También refresca, para los latinoamericanos, la ola represiva desatada por el anticomunismo belicista de la potencia del Norte durante el siglo XX, al servicio del gran capital, que dejó un saldo estremecedor de decenas y cientos de miles de asesinados y desaparecidos en Nuestra América.

La maniobra actual constituye «un intento intelectual y filosófico de negar realidades» del desarrollo económico y social que la ciencia política dejó de cuestionar hace mucho tiempo. No es casual que esta campaña se acelere cuando el gobierno estadounidense enfrenta, el próximo mes de noviembre, una contienda electoral que las propias encuestas reflejan como desfavorable. 

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