ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
«La escala del sufrimiento humano que se inflige en Gaza y que otros permiten contra los niños palestinos es casi sin comparación en nuestra vida». Foto: UNICEF

¿Qué infierno, qué cosas atroces podría vivir un niño para autolesionarse sistemáticamente? ¿Cuánto habría soportado antes de que sus tiernas ideas se tornasen insoportables en su cabeza? ¿Qué podría haber visto o escuchado para insistir en apagar su voz y cerrar sus ojos?

En 2023, una niña de cuatro años comenzó a herirse como consecuencia del miedo que vivía en Gaza, sitiada y atacada. La respuesta de su madre no pudo ser más desgarradora: «No puedo permitirme el lujo de pensar en la salud mental de mis hijos, primero necesito mantenerlos con vida».

El hecho fue narrado por James Elder, portavoz del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), quien en esa misma fecha dijo: «Gaza se ha convertido en un cementerio de niños. Es un infierno para todos los demás». Un puñetazo directo en los sentimientos de quienes todavía tienen humanidad en sus huesos.

Por aquel entonces, el propio Elder había declarado: «Si tuviéramos un alto al fuego de 72 horas, esto significaría que 1 000 niños volverían a estar a salvo por esta vez».

Hoy, desde que en octubre pasado Israel firmó el alto al fuego, la cifra de pequeños asesinados no deja de asombrar: 265 niños, crímenes «perpetrados no en zonas de guerra sino en sus casas y en sus escuelas mientras jugaban al fútbol o pescaban», informó la Unicef el pasado mes de junio.

«En un periodo supuestamente definido por la contención y la protección, se ha asesinado a un niño, de media, cada solo día durante más de ocho meses», afirmó Elder en esta ocasión. «Es una cifra absurda y devastadora».

El trabajador humanitario explicó que «les dispararon, les bombardearon, les alcanzaron ataques de cuadricópteros» operados por el Ejército israelí. Y prosiguió: «Estornudan cerca de la Línea Naranja y es muy probable que les disparen», en referencia al «avance continuo» de las fronteras de ocupación establecidas por el ente sionista.

«La escala del sufrimiento humano que se inflige en Gaza y que otros permiten contra los niños palestinos es casi sin comparación en nuestra vida», afirmó.

El mundo mira hacia otro lado mientras bombas, morteros, malnutrición, deshidratación, hipotermia, desplazamiento forzado y traumas anidan casi «naturalmente» en Gaza. El impacto acumulativo de años de desgaste y de asentamiento de la crisis deja bajo las sombras el futuro de los niños gazatíes.

El titular en el sitio de la ONU debería ser un disparo en las conciencias: Israel mata un niño al día en Gaza desde que firmó el alto el fuego. Sin embargo, la humanidad no parece percatarse de gravedad de la situación, y resulta insuficiente lo que se hace para revertirla. ¿Cómo puede ignorarse una imagen de un pequeño baleado, de un padre cerrando los ojos de su hijito? 

Ni siquiera puede decirse que es una aparente calma el mal llamado alto al fuego mientras un solo niño esté en peligro.

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