Vínculos y diferendos históricos entre Estados Unidos y Cuba fueron abordados este jueves desde el Centro Fidel Castro Ruz, en el contexto de los 250 años de la independencia del país norteño, a cumplirse el próximo 4 de julio.
El panel –«EE. UU.: de la revolución al imperio»– fue integrado por el etnólogo Miguel Barnet, presidente de Honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos; y René González Barrios, titular de la institución sede del encuentro.
Vázquez Pérez profundizó en las visiones del Héroe Nacional de Cuba sobre las complejidades de la sociedad estadounidense y la naturaleza de los poderes que la han regido desde el siglo XVIII. Martí, dijo, fue el latinoamericano que mejor conoció e interpretó a EE. UU. en la centuria de 1800, y probablemente hasta nuestros días.
La investigadora insistió en la importancia de revisitar las Escenas Norteamericanas y textos esenciales como «Vindicación de Cuba» o «La verdad sobre los Estados Unidos».
En esas líneas, recalcó, salen a relucir estampas de abrumadora actualidad, a pesar de los casi 150 años de distancia, y antecedentes de entendimientos hegemónicos que desde entonces se han desatado sobre Cuba. «Casi todos los problemas que estamos viendo hoy se resaltan en esos artículos», dijo.
Marlene Vázquez insistió en que Martí siempre hizo una separación entre el pueblo y los gobiernos de Estados Unidos y en que, de las bondades que encontró en uno y las contradicciones y mezquindades que detectó en los otros, se sirvió para construir la idea de lo que debía y tendría que ser una Cuba ya independiente.
Por su parte, Miguel Barnet aludió a su experiencia personal desde una infancia y juventud vinculadas a instituciones estadounidenses de enseñanza y, apoyado por la trayectoria de la política de ese país, recalcó la idea guevarista de que poco o nada se puede confiar en los poderes de EE. UU., aunque no se renuncie a construir un trato respetuoso.
Barnet confesó haber tenido una relación contradictoria con el país vecino. «Por una parte, de gran admiración hacia las grandes figuras como Emerson, Twain, Whitman y todos los grandes escritores y artistas norteamericanos. Por otra, un rechazo al racismo, grande en ese país, y que se aplicó aquí cuando Leonard Wood asumió como Gobernador Militar de la Isla y discriminó, en principio, a los mambises negros».
A su vez, René González Barrios reflexionó sobre tres hitos históricos como base para seguir trabajando en función de la compleja relación histórica entre los dos países, abonando lo posible para que sea, algún día, normal y de respeto mutuo: el aporte de Cuba a la independencia de EE. UU., la participación de cubanos en la Guerra de Secesión y el mambisado estadounidense.
El exhaustivo recuento de González puso en evidencia los vínculos entre nuestros pueblos, construidos con sangre derramada, en pos de causas comunes, en la tierra de aquí y en la de allá.
Cerró su intervención citando al Comandante en Jefe Fidel Castro, cuando en 2005 fundaba la Brigada Internacionalista Henry Reeve, cuyos profesionales ponía a disposición –no aceptada– del gobierno de EE. UU., tras el paso del huracán Catrina:
«Expreso en esto la buena voluntad de nuestro pueblo; los sentimientos amistosos que siempre ha tenido hacia el pueblo norteamericano, demostrado a lo largo de 46 años; uno de los pocos países del mundo –Cuba– donde nunca se ha quemado una bandera de EE. UU., donde nunca se ofende a un norteamericano.
«Ese es el aval. Estamos agradecidos del pueblo que apoyó el regreso del niño Elián, del pueblo que en número creciente apoya que se haga justicia por nuestros compañeros –los Cinco–, del pueblo del que confiamos que un día, junto a nosotros, construya vínculos de amistad y no solo para apoyarnos mutuamente, sino, en lo fundamental, para ayudar a otros».













COMENTAR
Responder comentario