La doctora en Ciencias Históricas María Elena Álvarez Acosta aparece como una de las voces más autorizadas a la hora de abordar desde Cuba las problemáticas de África del Norte y Asia Occidental, o Medio Oriente. Habría que buscar un tercer término, acota, uno que sea más que netamente geográfico y que, con la carga geopolítica que se precisa para comprender el área, se desmarque de la episteme occidental.
Es profesora titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García y académica del Centro de Investigaciones de Política Internacional. No entiende al mundo en clave de prehistoria, antigüedad, edad media, moderna y contemporánea, sino como capitalista y precapitalista; o precolonial, colonial y decolonial.
Tampoco cree en el llamado choque de civilizaciones, y sí en un periodo de transición intersistémica, marcado hoy por una crisis civilizatoria occidental que pierde hegemonía y que pretende sobrevivir a otras pautas civilizatorias.
Sobre la mencionada región, sus derroteros, su importancia actual para el mundo todo, dialogó con el periódico Granma.
***
«Mira, para entender los procesos actuales, hay que tener en cuenta la trayectoria de las distintas áreas. En el caso de lo que ahora se le denomina Asia Occidental, es una zona históricamente de llegadas, encuentros y desencuentros. Por allí se poblaron determinadas regiones y se establecieron distintos pueblos, desde los semitas hasta los indoeuropeos, pasando por africanos y la mixtura entre lo que Occidente ha aupado como Grecia y Roma. Sin embargo, la interrelación de lo que después fue la cultura occidental con esta zona es definitoria.
«Cuando vas a los mapas, te das cuenta de que su trayectoria es de establecimientos de ciudades-estados y reinos donde participan distintas entidades. Allí surge el primer imperio del mundo, el Acadio; las ciudades-estados a la orilla de los ríos, después muchos imperios como el persa y el otomano.
Es una región de gran diversidad cultural y lingüística, con predominio del árabe, pero con idiomas importantes como el propio persa, el kurdo y el turco, además de otras lenguas minoritarias. Es aquí donde también se desarrollaron las tres religiones de libro: judaísmo, cristianismo e islamismo.
«¿Por qué tuvo estas características? Porque es un área central, en medio de Europa, África y Asia. Más tarde, cuando se hace el canal de Suez, todavía tiene más valor geopolítico. El segundo elemento es que, de las regiones del mundo, resulta la última que se integra al capitalismo, de forma incipiente durante el imperio turco-otomano y ya con más fuerzas tras la Primera Guerra Mundial, cuando sus territorios pasan en forma de mandato al control de Gran Bretaña y Francia, y se afianzan los aspectos definitorios de lo que después ha sido Medio Oriente».
La profesora subraya la importancia de posicionar a la entidad sionista y a Palestina como los ejes catalizadores de la mayor parte de los fenómenos que marcarán el área.
«Desde el siglo xix –prosigue– en Europa está fundándose la Organización Sionista Mundial (1897), que quiere colonizar Palestina y se lo pide al imperio turco; este no accede. Pero cuando termina la Primera Guerra Mundial, Palestina se convierte en un mandato británico; en ese contexto inicia la colonización sionista y luego se propicia la fundación del Estado israelí.
«Todavía Estados Unidos no tiene un papel protagónico en los acontecimientos vinculados a la zona, pero sí está apoyando a Gran Bretaña, por ejemplo, en la Declaración Balfour (1917). La presencia de los estadounidenses pasará a un primer plano tras la guerra de Gran Bretaña, Francia e Israel contra Egipto, en 1956.
«Las dinámicas del Golfo son diferentes. Quienes no tuvieron estatus de protectorados británicos estaban bajo su influencia. En el caso de Arabia Saudita, destaca la alianza entre la familia Saud y el líder fundamentalista del sunismo wahabí, Muhámmad ibn Abd-al-Wahhab, que se remonta al siglo xviii y que fue la base de este reino, fundado en 1932 por Abdulaziz Bin Saud.
«Turquía, por su lado, es muy interesante, porque es el único país del mundo que, después de ser derrotado en una guerra, la Primera Guerra Mundial, cuando van a desmembrarlo, Mustafá Kemal Ataturk dirige una revolución militar desde arriba y el país se moderniza, ocupando un lugar importantísimo con respecto a Europa y a Medio Oriente.
«Pero ya en esta etapa, hasta la Segunda Guerra Mundial, la tendencia está en la presencia de potencias occidentales, la conformación de los mandatos, el afianzamiento de las monarquías del Golfo con un papel protagónico y alianzas con los poderes externos; e Irán que se va definiendo también como una alianza con estos poderes.
«Durante la Segunda Guerra Mundial, hubo grandes contradicciones y las potencias occidentales tuvieron que hacer concesiones a los árabes, ante el peligro que significaba Alemania. Allí ya está, del 36 al 38, la revolución que se trata de dar en Palestina, un movimiento muy fuerte contra el sionismo, y contra los propios británicos, que fracasó. Llegó la Segunda Guerra Mundial y, cuando terminó, el mundo fue otro.
«Entonces, se consolidan las monarquías del Golfo, que son tradicionales y, en lo adelante, aliadas de Estados Unidos. También se consolidan movimientos nacionalistas. El imperialismo, que increíblemente decía aupar la modernidad, pues no apoyó estos últimos y trató de derrocarlos; no así con las monarquías. Pero además esos procesos se vieron en las fronteras con Israel y apoyaban a los palestinos. Son los casos de Siria y Egipto.
«La historia de la región se convierte en la del conflicto israelo-palestino, porque fue el que catapultó todo e influyó desde el punto de vista regional y en las posturas internacionales, que muchos países utilizaron como un elemento para aumentar su protagonismo.
«La crisis del Medio Oriente se va periodizando por las guerras: la del 48 y la fundación del Estado de Israel; la del 56 de Israel, Gran Bretaña y Francia contra Egipto; después la del 67, que se ocupan los territorios palestinos, los cuales hasta hoy mantienen ese estatus, además de otras áreas como las Alturas del Golán y el Sinaí (después devuelto a Egipto); luego la guerra del 73, en la que los países árabes incursionan contra Israel y de allí sale el Acuerdo de Camp David.
«Israel incursionó en Líbano en el 78, en el 82 ocupa los territorios del sur y vuelven a agredir en 2006, cuando son derrotados por primera vez, en este caso por Hezbolá, lo cual aún no le perdonan.
«Las dinámicas se van dando en función de esa crisis y de las acciones de Israel y de los palestinos. Y ahí es interesante las posturas de los países del Golfo, que tienen muchos matices en este contexto, pero, por ejemplo, en la guerra del 73, cuando establecen el boicot petrolero, se influyó en una crisis mundial.
«Por eso insisto en la importancia geopolítica de esta área desde el punto de vista histórico, porque era el trasiego, por los ríos, por las civilizaciones, por las culturas; pero después ha sido no solo el tránsito, sino también el centro del petróleo y de intereses de diversos poderes.
«Estamos hablando de una región donde la tradición marca una impronta determinante en la actualidad y en la modernidad. La modernidad se insertó junto con la tradición y emergieron los países petroleros del Golfo como monarquías tradicionales, con un papel esencial, a la vez, en la modernidad y en la economía mundial.
«Entonces esto es extraño. Te encuentras un Irán que hace una revolución de base religiosa, sin dejar de ser capitalista, pero que enarbola el antimperialismo y defiende su forma de ser. Ahí está la tradición con la modernidad.
«Todo se vicia porque viene un elemento que dice ser legítimo desde la antigüedad, la “Tierra Prometida”, pero es un proyecto fundamentalista, que se inserta como Estado y, apoyado desde fuera, destapa todas estas guerras y todas estas contradicciones.
«Y ahí tienes a Turquía, supermoderno, pero también tradicional. Las normas que se establecen por las potencias colonizadoras, y después por el propio Estados Unidos, consistieron en mantener el status quo con determinados sectores que eran tradicionales, pero que sobre todo fueron reaccionarios, para garantizar determinada estabilidad y su presencia.
«Las realidades de Asia, antes de y durante el capitalismo son las que llevan a que hoy sea el centro del mundo. Y tiene que ver con la civilización y la cultura. Porque mientras en Europa estaba esa antigüedad y ese medioevo, más allá había sociedades tributarias que eran peculiares y, mayoritariamente, más estables.
«Tenemos que recordar que el mundo tiene un desarrollo desigual y combinado. Sin embargo, los que imponen su control son los que imponen las normas. Europa las impuso y Estados Unidos le siguió».
Continuará….













COMENTAR
Responder comentario