ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Las medidas previstas buscan aprovechar mejor la tierra y elevar los rendimientos productivos. Foto: Ilustración de Michel Moro

Dos importantes investigaciones ayudan a entender una dimensión decisiva de la guerra contra el pueblo palestino. La primera, publicada por el Institute for Economics & Peace, se titula «How AI is transforming Conflict and Peace», traducido al español: «Cómo la inteligencia artificial está transformando el conflicto y la paz». Su autor es Charles Fitchew.  La segunda, publicada por Al-Shabaka: The Palestinian Policy Network, se titula «AI for War: Big Tech Empowering Israel’s Crimes and Occupation» (Inteligencia Artificial para la guerra: las grandes tecnológicas potencian los crímenes y la ocupación de Israel). Su autora es Marwa Fatafta.

Ambos estudios apuntan en la misma dirección: la tecnología ya no es un elemento externo a la guerra, sino una pieza central de su organización.

Durante décadas, cuando se hablaba de tecnología militar, la mayoría pensaba en aviones, misiles, drones o satélites. Hoy hay que mirar también hacia otro lugar: los servidores, las nubes digitales, las bases de datos, los sistemas de inteligencia artificial y las plataformas privadas que procesan información a una velocidad imposible para cualquier ser humano. En Palestina, y especialmente en Gaza, esa infraestructura tecnológica se ha convertido en parte directa de la maquinaria de ocupación, vigilancia y guerra.

Israel no utiliza la tecnología solo para «defenderse», como repite su propaganda oficial. La emplea para clasificar personas, rastrear movimientos, interceptar comunicaciones, identificar viviendas, seleccionar objetivos y acelerar ataques. Sistemas como Lavender, The Gospel o Where’s Daddy han sido señalados por estas investigaciones como herramientas usadas para procesar grandes volúmenes de datos y producir listas de blancos humanos o materiales. O dicho de forma sencilla: la máquina ayuda a decidir quién puede ser atacado, dónde y con qué margen de destrucción alrededor.

El problema no es únicamente técnico. Es político y moral. Cuando una población ocupada se convierte en un conjunto de datos, el riesgo de deshumanización aumenta. Una persona deja de ser una vida concreta, con familia, historia y derechos, para aparecer como una probabilidad, una categoría o una entrada dentro de un sistema.

La inteligencia artificial no aprieta el gatillo por sí sola, pero puede hacer que matar sea más rápido, más opaco y más fácil de justificar. La guerra se acelera y la deliberación ética se reduce. Lo que antes requería análisis, contraste y responsabilidad política puede comprimirse en una cadena automatizada de decisiones.

La otra parte del problema está en Silicon Valley. El informe de Al-Shabaka señala directamente a grandes empresas estadounidenses como Google, Amazon, Microsoft y Palantir. No son actores neutrales ni simples proveedoras de herramientas inocentes. Sus servicios se han integrado a las operaciones militares, de inteligencia y vigilancia. El «Proyecto Nimbus», por ejemplo, vincula a Google y Amazon con la infraestructura digital del Estado israelí mediante un contrato multimillonario. Microsoft y Amazon Web Services también han sido señaladas por su papel en el alojamiento, procesamiento o soporte de sistemas usados por estructuras militares y de seguridad israelíes.

Por tanto, la guerra contemporánea no depende solo de fábricas de armas. Está determinada por empresas tecnológicas que se presentan como modernas, limpias y progresistas, pero que participan en la arquitectura material de la violencia. Sin servidores no hay almacenamiento masivo. Sin nube no hay procesamiento a gran escala. Sin inteligencia artificial no hay clasificación acelerada de objetivos. Sin plataformas privadas, muchos Estados no podrían ejecutar con la misma eficacia sus políticas de vigilancia y guerra.

Por eso, la lucha por Palestina también debe mirar hacia las infraestructuras invisibles. No basta con denunciar las bombas. Hay que apuntar a quienes hacen posible la selección, vigilancia y persecución de nuestros pueblos.

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