ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Juvenal Balán

Desde una oficina en el séptimo piso del edificio Harry S. Truman en Washington, Marco Rubio, secretario de Estado, juega a administrar la vida de una Isla entera, con la absoluta frialdad de quien se considera infalible e impune.

No es un halcón más en el aviario belicoso de la capital estadounidense, es el empleado eficiente, es el relojero meticuloso que ajusta los engranajes del sufrimiento ajeno. No es un burócrata que solo sella lo que otros ordenan, es la mano que aprieta las tuercas de la asfixia económica, que decreta el genocidio de todo un pueblo.

Conoce con precisión los resortes del poder y los tiempos de la política estadounidense, quiere ser presidente y considera llegada su hora, apoyado por el lobby proisraelí y la mafia anticubana de Miami.

Sus vínculos con el lobby prosionista son de larga data. Norman Braman, filántropo judío de Miami, ha sido el principal donante individual de Rubio; por medio de su organización Americans for Progress, aportó más de dos millones de dólares a grupos que apoyaron al político republicano en el ciclo 2022.

Incluso, la Republican Jewish Coalition (RJC), lanzó una campaña de publicidad digital de seis cifras en Florida apoyando la reelección de Rubio el 12 de octubre de 2022. Esto, solo por citar unos pocos ejemplos.

Por otro lado, la Fundación Nacional Cubano Americana (CANF), creada en 1981 por Jorge Mas Canosa, quizá la organización más influyente del exilio radical, es un puntal en la carrera de Marco.

Así mismo, el US-Cuba Democracy, PAC creado en 2003 por empresarios hostiles a La Habana, es otro financiador clave de Rubio.

Sin el respaldo militante del exilio duro, no sería nadie en el espectro político estadounidense; en cada campaña, la estructura de la CANF, las empresas de la familia Mas, los medios de comunicación contrarrevolucionarios y los activistas del exilio han funcionado como un movimiento cohesionado que le garantiza una base segura y alta participación electoral.

Su identidad política está construida sobre la defensa de la línea dura hacia Cuba, el discurso de la «dictadura» y la promesa de jamás normalizar relaciones sin un cambio total de régimen.

Recordemos que, Al Cárdenas, exdirector del Partido Republicano de Florida y figura histórica del exilio cubano, lo «descubrió» cuando era un joven abogado, lo integró en el círculo de poder conservador, le presentó donantes y allanó su camino hacia la presidencia de la Cámara estatal y luego al Senado.

No podrían faltar en este listado los Fanjul, Alfonso «Alfy» y José «Pepe», los herederos de un imperio azucarero que se originó en Cuba antes de la Revolución y que, tras la expropiación de los centrales en 1960, reconstruyeron su fortuna en Florida.

La familia no ha ocultado su deseo de ver restituidas sus antiguas propiedades en la Isla, y Rubio ha convertido esa demanda en un punto central de su discurso: insistir en que cualquier normalización pasa por indemnizar las propiedades confiscadas, lo cual beneficiaría directamente a los Fanjul.

Rubio es la encarnación más acabada de la alianza entre el lobby anticubano, el poder económico del exilio y la derecha conservadora, a cambio, ha sido el más fiel servidor del bloqueo y la asfixia, cerrando todo espacio al entendimiento y convirtiendo la política hacia Cuba en un feudo privado blindado por intereses particulares.

Rubio tiene capacidad decisoria, tiene presupuesto, influencia y el poder de detener la maquinaria que ayudó a construir; pero elige no hacerlo, elige bloquear, elige mentir.

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Jose Gonzalez dijo:

1

22 de junio de 2026

09:12:26


Hay momentos clave en la historia politica de este señor los cuales han sido olvidados, pero van a su etica moral. Su uso de tarjeta de credito del partido republicano para cosas personales lo cual no era per mitido cuando ser el Presidente de la Camara de Representantes de la Florida. Su uso de infliuencia en voz y por escrito usando papeleria oficial del estado para recomendar a Orlando Cicilia quien trataba de obtener una licensia estatal para vender y comprar bienes de raices. Para fortalecer su solicitud, Cicilia presentó tres cartas de recomendación, una de las cuales fue escrita por Rubio, quien en ese momento era el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes de Florida donde recomendó a Cicilia "para la obtención de la licencia sin reservas", afirmando que lo conocía desde hacía más de 25 años. La carta no reveló que Cicilia era el esposo de su hermana. Quien era este hombre: Durante la década de 1980, Cicilia fue una figura clave en la era de los "Cocaine Cowboys" en Miami como líder de una masiva organización de narcotráfico involucrada en el tráfico de millones de dólares en cocaína. Marco Rubio no tiene sus manos limpias como se promueve y como lo presentan.