Mucho se ha especulado sobre el contenido del plan destructivo del gobierno de los Estados Unidos, o de quienes tienen en sus manos el guion y el poder para diseñarlo, adecuarlo y ponerle fechas y alcances, sin escrúpulos ni límites para tratar de hacer rendir al pueblo cubano, o generarle estados de desesperación tales que incluso puedan llevarlo a un estallido incontrolable provocado por la crisis humanitaria irresistible que tratan de generar desde Washington y Miami.
Por si fuera poco el daño y castigo colectivo, como arma principal para la rendición esperada por 67 años, desde las redes una artillería de mentiras, intimidaciones, amenazas de muerte, incitaciones a la violencia o convocatorias vengativas exhortan a la invasión yanqui, a un golpe quirúrgico, un magnicidio o un secuestro sangriento.
Desde Puerto Rico, Miami, Washington o enclaves ilegales, voceros gubernamentales, improvisados, desconocidos, mafiosos, mercenarios, anexionistas, súbditos o títeres prenden el fuego de las inminencias, los ultimátums y del tiempo que se «agota», mientras no cesan las sanciones, el cruel bloqueo petrolero, las burlas a las condenas mundiales contra el crimen y el cinismo ante los llamados de la ONU a ponerles fin al genocidio.
Los vividores y empresarios de la guerra contra Cuba disfrutan en su longeva frustración, los chismes, noticias falsas, filtraciones para sembrar miedo y odio, o los palos periodísticos de los agoreros del derrumbe y del último día.
La ignorancia de siglos de historia y el desprecio a la verdad han tenido que ver con todas sus derrotas y errores de cálculo, aunque confían en que el fascismo y sus millones los salvará esta vez. Y lo más preocupante en su cobardía es que miran con optimismo las masacres de Gaza, Venezuela e Irán, otra vez embarcados en su ceguera política, el espíritu de verdugos, la subestimación y apetencias económicas.
Todos coinciden en el error de que el futuro de Cuba lo decide Washington, que el culpable es el gobierno y no el bloqueo, que ante tanta crisis y necesidades la independencia y la soberanía son cosas secundarias y la única salvación es acatar mansamente los designios o imposiciones de Washington, por las buenas o las malas, el despojo y el garrote.
Y en un mundo sin respeto al derecho internacional y muy poco a las propias leyes de EE.UU.; de silencio cómplice o tenues pronunciamientos de condena ignorados o contrarrestados por Washington; de castigo a quienes osan la solidaridad; de amenazas y chantajes a grandes y pequeños para que permitan un nuevo crimen o se hagan de la vista gorda ante el genocidio del bloqueo petrolero, volvemos al arsenal del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cuando en su centenario nos reitera la necesidad de « emanciparnos por nosotros mismos», «defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio»; «luchar con audacia, inteligencia y realismo».













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Yerberito dijo:
1
13 de junio de 2026
05:18:07
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