Los déficits habitacionales en el planeta, medidos por la asequibilidad y la disponibilidad, podrían agravarse por el encarecimiento de los inmuebles, las deficiencias en los desarrollos urbanos, los desastres naturales y los conflictos bélicos.
Datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) avalan que hasta 3 400 millones de personas carecen hoy de acceso a viviendas adecuadas y unos 1 100 millones residen en asentamientos informales y barrios marginales.
A la altura de 2022, había al menos 123 millones de desplazados por razones forzosas, como conflagraciones y amenazas ambientales. Vaticinios de la misma fuente alertan que de aquí a 2040 unos 167 millones de recintos hogareños podrían sufrir afectaciones sensibles o desaparecer si quedan a expensas de los impactos climáticos.
Un reporte ante el Consejo de Seguridad de la ONU confirmó en mayo de 2026 que alrededor del 85 % de los edificios de la zona palestina de Gaza están dañados o completamente destruidos, debido a la agresión de Israel, como un ejemplo ilustrativo de los estragos bélicos.
Además, unos 70 millones de toneladas de escombros cubren los terrenos, «mezclados con municiones sin detonar y los cadáveres de los fallecidos», agregó Nikolai Mladenov, quien expuso el primer informe escrito del llamado Consejo de Paz para Gaza.
Mucha gente adolece de alojamiento digno, pero los negocios de la construcción figuran entre los más lucrativos y contaminantes. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) reveló que el sector representa cerca del 50 % de la extracción mundial de materiales, el 37 % de las emisiones de gases de efecto invernadero y el 28 % del consumo de energía.
Otra investigación del Pnuma colocó la mirada sobre la depredación de la arena, cuya demanda global ascendió a unos 50 000 millones de toneladas al año. Además, su uso específico en la construcción podría crecer hasta en un 45 % de cara a 2060.
La sustracción desmedida, para fines constructivos e industriales, perjudica funciones esenciales en los ecosistemas, como regenerar playas, estabilizar costas, filtrar agua y sostener hábitats para peces, aves, tortugas y muchas otras especies, sopesó el diagnóstico.
«Lo que construimos, cómo lo construimos y dónde lo construimos tiene consecuencias para los recursos naturales, la resiliencia climática y la capacidad de las comunidades para resistir impactos y desastres», señaló por su parte la directora del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat), Anacláudia Rossbach.
En opinión de la experta, estamos ante una «crisis global de vivienda». Durante mucho tiempo, acotó, fue «más grave y estructural» en el Sur Global, pero ahora también se siente en el Norte.
La cuestión financiera opera como una llave de estrangulamiento. Durante la última década, el costo de un recinto para vivir aumentó a un ritmo mayor que la capacidad económica de innumerables familias, sustentó ONU-Hábitat a través estadísticas internacionales.
A la par, la falta de disponibilidad agravó la situación: el déficit mundial de vivienda subió de 251 millones de unidades en 2010 a 288 millones en 2023, ilustró la agencia, cuyas evaluaciones contemplaron el encarecimiento de los alquileres.
Según el cálculo actualizado, el 44 % de las familias en inmuebles rentados destina más del 30 % de sus ingresos al pago del local, un umbral que suele utilizarse para identificar situaciones de sobrecarga financiera.
Con sede en Bakú, la capital de Azerbaiyán, el Foro Urbano Mundial de 2026 subrayó que la vivienda no es solo una mercancía, sino un derecho humano; la base de la dignidad, la inclusión, la oportunidad y la resiliencia climática.
La cita reunió a más de 57 000 participantes y emitió El Llamado a la Acción de Bakú, elaborado a partir de las voces de 176 países. El texto exhortó enfrentar presiones interconectadas, desde el aumento de los costos y la especulación inmobiliaria hasta los desplazamientos forzosos, la débil gobernanza y los impactos climáticos, mediante soluciones integradas y centradas en las personas.
«No hay camino para alcanzar la Agenda 2030 sin urbanización sostenible y vivienda adecuada», manifestó la vicesecretaria general de la ONU, Amina Mohammed, en la clausura del encuentro.
En julio venidero, la Asamblea General del organismo deberá examinar el cumplimiento de la Nueva Agenda Urbana, adoptada hace diez años y cuyos escasos progresos generan preocupación.
«La próxima década de la Nueva Agenda Urbana no puede parecerse a la anterior», juzgó Mohammed. Necesitamos, reconoció, financiamiento, acción climática y resiliencia. «Más urgencia política».













COMENTAR
Responder comentario