ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La humanidad es responsable de defender que cada niño pueda soñar, estudiar, crecer y decidir cómo hacer luego, del mundo, un lugar mejor. Foto: José Manuel Correa

«Cuando sea grande seré...», y cualquier profesión puede completar la frase, tan natural y propia de los niños. Incluso habrá, quien se invente su propio oficio, como el de «globera», o quien imite a sus padres: «maestro», quizás otro varíe la tradición familiar y responda a viva voz, a todo el que le pregunte, que cuando crezca será «artista».

Así sueñan los más pequeños de casa. O, al menos, deberían hacerlo todos. Sin embargo, conflictos, catástrofes, situaciones de emergencia afectan cotidianamente a las infancias en diversas zonas alrededor del mundo.

De acuerdo con el Informe anual sobre la acción humanitaria del UNICEF, (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) «en 2025, las vidas de millones de niños y niñas se vieron marcadas por la violencia, la falta de alimentos, la hambruna, la intensificación de los choques climáticos y la interrupción de los servicios esenciales».

Mientras la humanidad parece girar la mirada hacia «problemas más acuciantes», reclutamiento y secuestro, violencia sexual relacionada con los conflictos, denegación del acceso humanitario, ataques contra escuelas y hospitales pasan desapercibidos o como efectos secundarios, para aquellos que saben, en los niños, el futuro.   

En medio de ese contexto, en Cuba, donde en más de 60 años de Revolución no han sido ajenos los derechos de niños y jóvenes, sino que se ha velado por su cumplimiento y defensa, recientemente la directora de la Oficina Regional de la UNESCO en La Habana y representante de la Organización en el país, Anne Lemaistre, afirmó: «la educación en Cuba está en riesgo debido a la actual crisis energética». 

Lo saben bien los educadores y las familias. Lo sufren a sabiendas de la importancia que tiene la formación desde edades tempranas, y crean alternativas en hogares, escuelas y comunidades, ante los responsables de un bloqueo que no repara en sus verdaderas víctimas.

Resulta entonces, deber de todos, denunciar cada crimen –como ese y tantos otros– que contra la infancia se comenten en distintas geografías, para que cada niño pueda soñar, estudiar, crecer y decidir cómo hacer luego, del mundo, un lugar mejor.

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