ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Ismael Batista Ramírez

Resistir no es una amenaza. Querer la paz y estar dispuestos a defender la patria de una agresión injustificada no es un desafío. Tener derecho a elegir un sistema político y a desarrollarlo no es un desagravio.

No dejarse intimidar por un bombardeo de mentiras, amenazas y «avisos» de redes envenenadas, no es excepción, es mayoría, es blindaje con la verdad, con madurez política, es inmunización con valores, cultura e información. Es ser martiano y fidelista, es ser consecuentes con nuestra identidad y la firmeza de Raúl.

Estar sufriendo un bloqueo que mata, restringe y hace la vida imposible no es un invento del gobierno cubano. Defendernos del terrorismo, de la subversión, de las provocaciones, de los intentos de desestabilización, del vandalismo, del terrorismo y de la amenaza de guerra no es una exageración.

El 20 de mayo de 1902 no fue independencia, fue despojo y neocolonia. El 20 de mayo de 2026 no fue una fiesta, no fue un acto de justicia, fue una maniobra judicial oscura e ilegal, fue una ignominia y una declaración de guerra con propósitos y obsesiones similares a los de inicios el siglo XX, ahora en lugar de estar acompañados por acorazados, son portaviones y misiles, apuntándonos.

El sainete de Miami con invitados de la Casa Blanca y el Capitolio, mensajes enlatados, dictados desde la mafia y con corona de emperador, no fue una celebración legítima de aniversario glorioso, fue un repugnante y vengativo episodio, revelador de que el terrorismo impune de ayer, el responsable del derribo del avión de Cubana que costó la vida a 73 personas y de las bombas en los hoteles en los 90, disfruta hoy de los privilegios del neofascismo, en plena «gusanización» del Departamento de Estado y sus tentáculos en el gobierno del ilimitado Donald Trump.

El intervencionismo sin frenos aparentes.  Show electorero desde el sufrimiento y la sangre provocada ayer, que pudo evitarse pero que una elite mafiosa estimuló, y que hoy influye, presiona, paga y promete más entreguismo al gran dictador, si hace el «milagro masivo» del vampiro que llevan casi siete décadas intentando por la fuerza borrar el ejemplo de Cuba.

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