BEIJING, China.–Al parecer, tres potencias mundiales han decidido «vestir» con trajes de aniversarios lo que se advierte como una recalibración del panorama geopolítico tenso y volátil que caracteriza la actualidad global.
Si hace apenas unos días la visita de Donald Trump a este país y sus más de nueve horas de interacciones directas con el secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China, Xi Jinping, fue saludada en varios momentos por la ocasión de los 250 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos y los 55 de la llamada Diplomacia del Ping-Pong –que abrió los primeros canales para un entendimiento bilateral–, de este lado del mundo los focos se mantienen prendidos sobre el gigante asiático, luego del anuncio de la inminente visita del presidente ruso, Vladímir Putin, también «a propósito» de un par de onomásticos: el aniversario 30 del establecimiento de la asociación estratégica de coordinación entre China y Rusia, así como el 25 de la firma del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa entre ambas naciones.
Lo cierto es que a todos ha llamado la atención el detalle de que esta visita –aunque prevista desde febrero, sin fecha definida– suceda inmediatamente después de la estancia del magnate norteamericano, de la cual ha trascendido, con marcada relevancia, que las relaciones sinoestadounidenses son hoy día el mayor ecualizador de la estabilidad mundial.
También se ha especulado bastante sobre el asunto, y se ha dicho que el mandatario ruso acudirá personalmente a Beijing a tomar nota de los pormenores y resultados derivados del intercambio con Trump.
Sin embargo, y aunque el propio Putin ha enfatizado en que los intereses bilaterales ocuparán el centro de la agenda del 19 y 20 de mayo –por ejemplo, el «alto grado de acuerdo para dar un paso serio y muy sustancial hacia adelante en la cooperación en el ámbito del gas y el petróleo»–, no puede ignorarse la sentencia que, sobre las relaciones sino-rusas, subrayó el pasado viernes: son un «factor fundamental para la estabilización de las relaciones internacionales».
Hace poco más de un mes, al recibir a Serguéi Lavrov, canciller del gigante eslavo, Xi Jinping lo había dicho parecido, al expresar que la estabilidad y certidumbre de los nexos bilaterales entre China y Rusia son especialmente «preciados» en una situación internacional cambiante y turbulenta, y que, además, ambos países debían asumir a plenitud su responsabilidad como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.
¿OTRA PROPUESTA PARA UNA «ESTABILIDAD ESTRATÉGICA»?
Que la visita será estratégica, no hay dudas. Sobre todo, porque se trata de dos potencias muy cercanas entre sí, lo cual, además de facilitarles un potencial comercio directo transfronterizo de recursos energéticos, materias primas y mercancías que ambos necesitan –sin que intercedan regulaciones territoriales ni sanciones de terceros–, les permite conformar, físicamente, un contrapeso sin precedentes a la hegemonía multidimensional que se propone Estados Unidos.
Ambos gigantes –que lo son precisamente por el alcance de sus economías, peso político y poderío militar– comparten sus visiones de un mundo multipolar, con oportunidades para el desarrollo equilibrado, y la coexistencia pacífica, contrario al comportamiento colonialista, divisivo y guerrerista que –hoy con ejemplos claramente fascistas– Estados Unidos pretende imponer; por lo cual la asociación entre Rusia y China tiene que trascender, necesariamente, de lo bilateral comercial a lo profundamente estratégico en lo político y militar, así como en lo económico ha ido creciendo el empuje de los Brics.
Por el momento, aunque con grandes pompas y cordialidad imperturbable, Xi terminó por plantearle a Trump su visión para un mejor manejo del asunto global, a partir de un nuevo modelo de relación bilateral que implique impactos positivos para la comunidad internacional; por supuesto, sin dejar de subrayar sus líneas rojas y las condiciones para ceder a las «ofertas comerciales» con las que el mandatario occidental llegó a Beijing.
Ciertamente, muchas de esas «ofertas» regresaron a Estados Unidos con acuerdos sellados: China comprará 200 aviones Boeing, motores y agregados; levantará suspensiones y multiplicará sus importaciones de productos agrícolas de Estados Unidos; revisará sus restricciones a la cadena de suministros de tierras raras y minerales específicos; etcétera.
Así lo reveló, el domingo, el balance de acuerdos publicado por la Casa Blanca. Sin embargo, aunque solo se regodeen en el éxito transaccional de la visita, deberían guardar su hoja en el mismo expediente del resumen oficial presentado –también este fin de semana– por el canciller chino, Wang Yi, en lo que fue un ejercicio ejemplar de diplomacia integral, no un mero reporte de operación bursátil.
LA VISITA, SEGÚN CHINA
- Fue histórica, y dio lugar a largas discusiones sobre las relaciones bilaterales, pero también acerca de la paz y el desarrollo mundial de manera abierta, exhaustiva, constructiva y estratégica.
- Buscaron activamente la forma correcta de que dos grandes países se lleven bien entre sí, y alcanzaron varios entendimientos. De este modo, ambas naciones «están señalando la dirección correcta para la sociedad humana».
- La cuestión de Taiwán es un asunto interno, que Estados Unidos debe respetar, pues afecta toda la relación. «Si se maneja adecuadamente, la relación en general será estable, y ambas partes podrán dedicar más energía a promover la cooperación mutuamente beneficiosa. De lo contrario, los dos países tendrán enfrentamientos e incluso conflictos, y toda la relación estará en gran peligro».
- Se promoverá el intercambio pueblo a pueblo. Xi Jinping anunció la iniciativa de invitar a 50 000 jóvenes estadounidenses a China en programas de intercambio y estudio durante cinco años. Además, China sigue siendo un destino muy popular para las empresas e inversionistas estadounidenses.
- China propuso construir una relación bilateral con base en una «estabilidad estratégica constructiva», con cooperación como pilar, competencia dentro de límites apropiados, diferencias manejables y paz previsible.
¿Cómo se explica este modelo?
- Proporcionará «una guía estratégica para las relaciones bilaterales durante los próximos tres años y más allá».
. Estabilidad positiva: como las dos economías más grandes, comparten lazos profundos. «Ninguno puede excluir al otro, ni prosperar sin el otro. Ambos ganamos con la cooperación y perdemos con la confrontación. Mientras que una relación confrontativa sería desastrosa para ambos países y para el mundo, la cooperación China-EE. UU. logrará muchas cosas grandiosas en beneficio de ambos y de todos».
. Estabilidad saludable: la competencia, dentro de límites apropiados, y que no se convierta en un juego de suma cero. La competencia para superarse a uno mismo, y que ambas partes se vuelvan mejores.
. Estabilidad constante: que las diferencias sean manejables, y no que la relación sea como una montaña rusa. «Es muy importante que ambas partes respeten nuestras palabras y se muevan en la misma dirección».
. Estabilidad duradera: Que haya paz, y los conflictos y las guerras no sean aceptables. «El conflicto y la confrontación entre nosotros producirán consecuencias que nadie podrá soportar».
En resumen, hubo cordialidad, pero también firmeza, pues si algo no ignorarían las autoridades chinas es el largo historial de ejemplos de incoherencia que Estados Unidos tiene entre los dichos de su diplomacia y las acciones posteriores de agresión, presión y chantaje.
No por gusto, y muy consciente de ello, el presidente Xi Jinping lo dijo a Trump con toda intención: la relación entre China y Estados Unidos es la relación bilateral más importante en el mundo actual; atañe al bienestar de los más de 1 700 millones de personas de ambos países, y afecta los intereses de los más de 8 000 millones de personas del planeta.
«Debemos hacer que funcione y nunca arruinarla».













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