ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Archivo ONU

Setenta y siete años es una vida. Una larga vida, quimera para muchos. Mucho o poco –por uno mismo o por lo demás– puede hacerse en 77 años. Siete décadas, unas tres generaciones, dos números… ¿cuánto de por medio?

Setenta y siete años han retrocedido las manecillas del reloj en Gaza. Así lo estima un informe de la ONU, la Unión Europea y el Banco Mundial, el cual señala, además que, tras dos años de escalada del conflicto bélico con Israel, los sectores más gravemente afectados son vivienda, salud, educación, comercio y agricultura.

Según el documento, reseñado por el sitio de las Naciones Unidas el pasado 20 de abril, cerca de 372 000 viviendas han sido destruidas o dañadas; más de la mitad de los hospitales están fuera de servicio; prácticamente la totalidad de las escuelas ha sido destruida o dañada; y la economía de Gaza se ha contraído un 85 %. Los números solos cuentan el panorama de devastación en el que apenas sobrevive la población del enclave costero.  

En ese sentido, el informe aportó datos sobre las necesidades de reconstrucción de esos sectores. Por ejemplo, en el caso de la vivienda, se calculan unos 16 200 millones de dólares, mientras que para la agricultura y el sistema alimentario se evalúan unos 10 500 millones de dólares.

En cuanto a la salud, los números ascienden a 10 000 millones, y en los casos del comercio y la industria, se estiman 9 000 millones. «Estos sectores representan conjuntamente casi dos tercios de las necesidades totales de reconstrucción y constituyen las “prioridades más urgentes”».

Por otra parte, el documento destaca que alrededor de 1,9 millones de personas han sido desplazadas, a menudo en múltiples ocasiones, y más del 60 % de la población ha perdido su vivienda. Entretanto, la tasa de empleo es solo del 9,3 %. «Esta situación, combinada con la pérdida de empleo en Cisjordania, ha provocado una caída de 13 puntos porcentuales de la tasa combinada para Cisjordania y Gaza, situándola entre las más bajas de la base de datos del Banco Mundial».

«La factura es vertiginosa –afirma el texto– serán necesarios 71 400 millones de dólares en diez años para reconstruir el enclave palestino». Al respecto, advierte que, para poner en marcha los servicios vitales, reconstruir las infraestructuras devastadas y reactivar una economía paralizada, se requieren 26 300 millones. «Una tarea colosal, a la altura de la magnitud de la destrucción y la crisis humanitaria».

El documento registra cifras sobre pérdidas económicas, bienes materiales, escombros que se tardarán años en mover… En otros textos se revelan muertos, heridos, desplazados. La inseguridad alimentaria, la hambruna, el desempleo, el colapso de los sistemas de salud y de educación, los efectos acumulativos catastróficos en la salud física y mental se hacen estadísticas y pasan del desastre a los números, cual remate definitivo.

Mientras eso sucede, el mundo voltea la mirada, se centra en otras guerras, perpetúa conflictos o reabre heridas a base de amenazas y cañones.  

Es hacia allí a donde nos están llevando la ambición y la miseria humanas. ¿Ese es el futuro que estamos construyendo. Urge que el reloj camine hacia adelante.

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