ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Reconoció la importancia de la organización de los trabajadores para transitar al socialismo. Foto: Getty Images

A jornadas de celebrar otra vez el Día Internacional de los Trabajadores, vale recordar a uno de sus más preclaros y apasionados defensores, Vladimir Ilich Lenin, quien naciera el 22 de abril de 1870 en Simbirsk, Rusia.

«La lucha de los obreros se convierte en lucha de clases, solo cuando los representantes de vanguardia de toda la clase obrera de un país tienen conciencia de la unidad de la clase obrera y emprenden la lucha, no contra un patrono aislado, sino contra toda la clase capitalista y contra el gobierno que apoya a esa clase», señaló muy temprano aún en su vida revolucionaria, en 1899.

Reconoció la importancia de la educación para asumir la pertenencia y el lugar de cada persona en la construcción de una nueva sociedad, donde sienta que pueda aportar al bien propio y de los demás.  

Precisamente, esa batalla cultural resulta, quizás, la más complicada y necesaria en el camino de la emancipación, pues las personas deben conocer la importancia y los motivos por los cuales luchar.   

La dictadura de los trabajadores constituye un término tan vilipendiado y vaciado de sentido por quienes, o ignoran su significado, o le temen, al conocer que propone derribar a los saqueadores y consolidar las conquistas sociales hasta el grado máximo posible. Más allá de una serie de actos y decretos, constituye una época histórica, apuntó el líder.

Cuando muchos oportunistas de la Segunda Internacional se afiliaron a sus respectivos intereses nacionales antes del estallido de la Guerra Mundial, él reivindicó la causa de todos los proletarios, y junto a los de su país conquistó la primera verdadera Revolución de carácter humano en la historia.

Seguro de lo imprescindible de la Revolución Mundial para sostener y fortalecer los esfuerzos de diversos territorios, señaló: «Si los explotadores son derrotados solamente en un país (…), seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados». Por supuesto, nunca los vencidos dejarán los brazos cruzados, en el afán por recuperar sus privilegios.

Cercanos a otro primero mayo, cuando la reacción toma matices cada vez más violentos y peligrosos, acudamos a las lecciones de Lenin: unir a todos los hombres que crean lo que otros les han expropiado, para enfrentarlos con las propias manos del trabajo.    

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