Más de 1000 millones de toneladas de comestibles entran cada año al universo de los desperdicios en el mundo, alimentando los basureros en vez de ofrecer soporte vital a millones de personas hambrientas.
Instituciones pertenecientes a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) llamaron a los gobiernos, las empresas y los ciudadanos a adoptar medidas urgentes frente al desbarajuste, que catalogan como «una crisis silenciosa, pero de enormes proporciones».
En ocasión del Día Internacional de Cero Desechos, celebrado el pasado 30 de marzo, los promotores subrayaron que el derroche coexiste con el hambre y la malnutrición, acelera el cambio climático y genera severas pérdidas económicas.
Los alimentos botados equivalen anualmente a casi una quinta parte de todos los disponibles para el consumo humano, apuntaron los programas de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y los Asentamientos Humanos (ONU?Hábitat).
A diario se tira comida suficiente para preparar 1000 millones de platos, mientras cerca del 9 % de la población mundial padece hambre. «Estamos poniendo en riesgo nuestro clima, nuestros ecosistemas y nuestra capacidad de alimentarnos en el futuro», reconoció el secretario general de la ONU, António Guterres.
Tales desechos generan hasta el hasta el 10 % de las emanaciones globales de gases de efecto invernadero (GEI) y alrededor del 14 % de las emisiones de metano, uno de los vapores más contaminantes, confirmó el diagnóstico.
Desde el comienzo de las observaciones, el clima de la Tierra nunca había estado tan descompensado como ahora: las concentraciones de GEI provocan el calentamiento continuo de la atmósfera y los océanos e impulsan la fusión de las masas de hielo, advirtió la Organización Meteorológica Mundial, en un informe dado a conocer el 23 de marzo.
De acuerdo con las estimaciones de la ONU, alrededor del 60 % de los desperdicios de comida ocurre en los hogares, mientras el resto se distribuye entre servicios de alimentación y comercios, dando cuenta de las fallas persistentes, desde la producción hasta el consumo.
Acciones coordinadas entre los Estados y las empresas podrían contribuir al diseño y puesta en práctica de sistemas eficientes de economía circular. Asimismo, la modificación de hábitos ayudaría a las familias a obtener un mejor provecho de sus compras.
Sin embargo, un informe precedente del PNUMA, emitido en marzo de 2024, reveló que los hogares desperdiciaron el equivalente a más de 1000 millones de comidas cada día durante 2022, mientras 783 millones de individuos padecían hambre y un tercio de la humanidad subsistía en condiciones de inseguridad alimentaria.
A escala internacional, el costo estimado, por la pérdida y el desperdicio de comestibles, asciende aproximadamente a un billón de dólares anuales, precisó el reporte.
Datos de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) detallan que un 13 % de los surtidos se pierde en la cadena de suministro después de la cosecha y antes de llegar al comercio minorista y otro 19 % es desperdiciado en las ventas a los clientes finales, los servicios alimentarios y las viviendas.
«Producir alimentos que no se consumen entraña desperdiciar no solo nutrientes esenciales, sino también los valiosos recursos invertidos para producir los alimentos y hacerlos llegar al consumidor: energía, agua, tierra, mano de obra y dinero», lamentó la entidad.
Tampoco deberían desconocerse los negativos impactos de la inflación: debido al alza de los precios, en 2024, unos 2 600 millones de personas no podían permitirse una dieta saludable y 2 300 millones sufrían inseguridad alimentaria moderada o grave, es decir, un 28 % de la población mundial, afirmó la FAO.
Según los pronósticos, que podrían empeorar, casi 512 millones de personas padecerán subalimentación crónica en 2030 y un 60 % estará conformado por habitantes de África, señaló el informe sobre El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2025, elaborado por cinco organismos de la ONU.
En la más reciente conferencia climática de las Naciones Unidas –celebrada en la ciudad brasileña de Belem–, el PNUMA y sus aliados lanzaron Food Waste Breakthrough (Avance ante el Desperdicio de Alimentos), una iniciativa que pretende reducir el flagelo a la mitad para 2030 y aminorar las emisiones de metano en hasta un 7,0?%.
De tener éxito, sería un loable adelanto, pero a esta altura hay demasiados compromisos incumplidos, entre ellos, los relativos a la alimentación y las cuestiones medioambientales, aunque la comunidad internacional suscribió la Agenda 2030 y sus objetivos de desarrollo sostenible desde el 2015.













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