Un número creciente de países enfrenta grandes necesidades insatisfechas de gasto para los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), en medio de una contracción general del financiamiento, confirmó la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Los más pobres y vulnerables sufren los peores efectos, argumentó el organismo el pasado 9 de abril, al presentar un nuevo estudio sobre el tema, de cara al próximo debate en su Consejo Económico y Social, previsto del 20 al 24 del presente mes.
De acuerdo con el examen, los retrocesos responden al debilitamiento de la cooperación internacional, el alza de las barreras comerciales, las tensiones geopolíticas, el embate contra el multilateralismo y las continuas conmociones climáticas en el orbe.
A esta altura siguen en ascuas las promesas expuestas en 2025 durante la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en la ciudad española de Sevilla.
Dichas iniciativas contemplaron la introducción de reformas en la arquitectura financiera mundial, a fin de proporcionar a las naciones subdesarrolladas mayor y más ágil acceso a los fondos, pero los acontecimientos van en sentido contrario.
El Informe sobre la Financiación para el Desarrollo Sostenible 2026: Implementación del Compromiso de Sevilla alertó que no solo hay menos dinero en función de los ODS. Los más necesitados afrontan también la disminución de la asistencia oficial, superiores costos por los efectos del cambio climático y el servicio de la deuda externa.
Según recordó, el servicio de la deuda (pago del principal y los intereses) en los países en desarrollo alcanzó en 2024 su nivel más alto en 20 años, y el panorama tiende a agravarse.
Alrededor de 3 400 millones de personas viven en territorios, cuyos Estados destinan más dinero a pagar intereses crediticios que a costear sistemas de salud o educación. «La deuda no es solo un número. Es la razón por la que hay niños sin escuela y familias sin atención médica», razonaron los autores del compendio.
En cambio, la ayuda al Sur Global continuó en picada, al considerar que la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) cayó un 6 % en 2024 hasta los 214 600 millones de dólares. Además, para 2025 se estimó una reducción de entre un 10 y un 18 %, y hasta de un 25 % para los países menos adelantados (PMA).
Tampoco la inversión extranjera directa está aliviando la carestía de recursos en las naciones en desarrollo. Por ejemplo, en 2024 bajó un 11 % hasta 1,5 billones de dólares, lo que marcó un segundo año consecutivo de retroceso, abundó el reporte.
Recientes disrupciones económicas, debido a la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, podrían caldear aún más la situación preexistente, signada por las guerras comerciales, las confrontaciones bélicas y las tensiones geopolíticas.
Al respecto, el texto reconoce que los aranceles medios sobre las exportaciones de los PMA subieron del 9,0 % al 28 % en 2025 y aumentaron más de ocho veces para las naciones en desarrollo (sin contar a China), al pasar del 2 al 19 %.
«Este es un momento sumamente peligroso para la cooperación internacional, ya que las consideraciones geopolíticas están configurando cada vez más las relaciones económicas y las políticas financieras», juzgó Li Junhua, secretario general adjunto de la ONU y jefe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, que coordinó la elaboración del informe interinstitucional.
No obstante, el documento distinguió señales alentadoras, entre ellas, el incremento del gasto de capital en energía renovable y la paulatina evolución del comercio Sur-Sur. Si bien resultan hechos positivos, podrían compararse con diminutas gotas de agua en un océano de dificultades.
A causa de la fragmentación mundial y la profundización de las divisiones geopolíticas, las reformas acordadas en el Compromiso de Sevilla «se han vuelto más difíciles de implementar», lamentó la ONU.
El déficit anual de financiamiento para cumplir los ODS continúa siendo de cuatro billones de dólares, mientras abundantes flujos de dinero sirven para provocar muerte y destrucción, como denotan los hechos y las estadísticas públicas sobre los gastos militares.
En opinión de la vicesecretaria general de la ONU, Amina J. Mohammed, el plan conformado en Sevilla es actualmente «nuestra mejor oportunidad» para demostrar el compromiso duradero de la comunidad internacional con la cooperación y el desarrollo.
«No podemos rendirnos. El multilateralismo es el camino hacia la paz, la justicia y la oportunidad», subrayó por su parte Li Junhua.













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