ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El misil balístico israelí Jericho-3 tiene un alcance de 6.500 km y es capaz de transportar armas nucleares. Foto: Press TV

La tenencia de armas nucleares por Israel, aunque negada una y otra vez por los gobiernos de Tel Aviv, se remonta a los primeros años de existencia de ese Estado, y lo han hecho con la mentira como premisa, a la par con la amenaza de su empleo contra palestinos e iraníes. 

El 17 de septiembre de 1956, el primer ministro de Israel, Shimon Peres, y las autoridades galas llegaron a un acuerdo tentativo en París para venderle a Israel un pequeño reactor de investigación nuclear, el que se construiría en Dimona para el suministro de combustible de uranio.

Era el inicio de una verdad negada, incluso hasta nuestros días, pero que alcanzó el objetivo deseado por Tel Aviv: obtener el arma nuclear.

Encubierto en la mentira de una gran telaraña que aprovecha los resquicios de una política internacional cada vez más vilipendiada y menos creíble, Israel, según los datos más recientes, se estima que posee un arsenal que oscila entre 90 y 400 ojivas nucleares.

De acuerdo con algunas fuentes, se estima que tiene capacidad de lanzar los artefactos nucleares, lo mismo desde aviones, como misiles cruceros desde submarinos, o mediante misiles balísticos de alcance intermedio a intercontinental.

No obstante, Israel nunca ha reconocido tener ese tipo de armas, ni ha permitido que se inspeccionen los sitios donde están instaladas, ni ha firmado ningún documento internacional relacionado con el control de las armas nucleares o algo parecido.

En fecha tan reciente como noviembre de 2023, cuando ya había comenzado el genocidio israelí contra los palestinos en Gaza, el viceministro de Patrimonio del Gobierno sionista, Amihay Eliyahu, pidió públicamente lanzar una bomba nuclear sobre Gaza.

La solicitud, interpretada como una admisión tácita de que poseen tal capacidad nuclear, obligó al premier Benjamín Netanyahu a sustituir al funcionario indiscreto.

De igual forma, en el año 2022, el exprimer ministro Yair Lapid, hizo referencia a las necesarias «otras capacidades» para «mantenernos vivos mientras nosotros y nuestros hijos estemos aquí», lo que, evidentemente, se interpreta como una referencia a la necesidad de conservar las armas nucleares que el país ha fabricado.

Pero la historia de Israel y su arsenal nuclear tiene otras aristas dentro de su propia ambigüedad que se mantiene dentro de su estatus, incluso fuera del territorio de ese país.

Una de ellas, tan lejana en el tiempo como el año 1963 cuando el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, pidió poner freno al desarrollo nuclear israelí.

En carta del mandatario estadounidense, se «exigía seriamente a Israel, que dejara de desarrollar armas nucleares».

Incluso, advirtió a las autoridades israelíes que el «compromiso y apoyo de Washington a Israel» podría verse «seriamente comprometido» si el Gobierno estadounidense no podía obtener «información confiable» sobre el reactor de Dimona y las intenciones nucleares sionistas.

Solo unos meses después, Kennedy fue baleado y muerto, y todavía hoy muchos se preguntan si el Mossad, o servicio secreto israelí, estuvo detrás de su asesinato.

Y pudieran hacerse otras preguntas: ¿es que la Casa Blanca no conoce el peligro que representa para la humanidad, el que se haya lanzado esta criminal guerra contra Irán, además llevando de la mano al régimen sionista de Israel, un país con un alto arsenal de armas nucleares y con una filosofía fundamentalista, capaz de hacerlo estallar de la misma forma que han lanzado cohetes y bombas contra Gaza y Cisjordania, y hoy lo hacen contra El Líbano e Irán?

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