Casi 182 millones de habitantes en América Latina y el Caribe (ALC) carecen hoy de recursos para pagar una dieta saludable, cuyo costo sigue en ascenso, reveló un reciente estudio de las Naciones Unidas.
El alza de precios en 2024 fue de 3,8 % frente al año precedente, ubicando a la zona «como la más cara del mundo, con un costo diario de 5,16 dólares», ajustados al poder adquisitivo, indicó el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025: Estadísticas y Tendencias, publicado el pasado 27 de febrero.
En comparación con 2021, otros 15,4 millones de personas pudieron acceder a este tipo de alimentación; pero aún 181,9 millones no pueden costearla, señaló el informe, suscrito por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), las organizaciones Panamericana y Mundial de la Salud, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
Según el reporte, a escala regional disminuyeron la desnutrición y la inseguridad alimentaria, aunque «persisten preocupaciones en torno al costo de una dieta saludable y las elevadas cifras de obesidad».
El grado de subalimentación bajó por cuarto año consecutivo, al considerar que afectó al 5,1 % de la población en 2024, precisó el documento, cuyas estadísticas también validaron la persistencia de notables diferencias entre países y subregiones.
Entre 2023 y 2024, la prevalencia del hambre disminuyó en Sudamérica, pero se mantuvo sin cambios en Mesoamérica y el Caribe, ilustró el diagnóstico, sin obviar las asimetrías internas.
Todavía más de la cuarta parte (25,2 %) de los residentes en ALC vive en condiciones de inseguridad alimentaria moderada o grave. No obstante, la tasa de 2024 estuvo por debajo de la estimación global (28 %) y del máximo regional registrado en 2020 (33,7 %).
En síntesis, más de 33 millones aún sufren hambre, 167 millones padecen inseguridad alimentaria, 181,9 millones no pueden permitirse una dieta saludable y 141 millones de adultos viven con obesidad, corroboró la investigación.
Sin embargo, en ALC se producen alimentos para cerca de 1 300 millones de individuos, siembran el 14 % de los cultivos del mundo y cuentan con el 30 % del agua dulce, sustentó la FAO y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe.
Expertos de ambas instituciones abogaron por una nueva visión para el sector, «basada en el concepto de prosperidad a lo largo de toda la cadena de valor, desde el productor hasta el consumidor, que permita mejorar los ingresos, reducir la pobreza y la inequidad, fomentar una mayor integración regional y territorial».
Por su parte, los hallazgos expuestos en el más reciente informe del Panorama «deberían servir como una clara llamada de atención para redoblar esfuerzos y dirigir las inversiones hacia quienes más las necesitan», opinó la responsable Rocío Medina, en nombre del FIDA.
Apoyar el desarrollo rural, remarcó, «es esencial para fortalecer la seguridad alimentaria, fomentar la resiliencia y garantizar un crecimiento sostenible».
Si bien ALC ha avanzado en la reducción del hambre, persisten brechas significativas. Las mujeres y las comunidades del campo siguen experimentando mayores niveles de inseguridad, juzgó la funcionaria.
«No podemos hablar de progreso real mientras las brechas sigan dejando atrás a millones de personas, especialmente a las mujeres», coincidió la directora regional del PMA Lena Savelli.
Por ejemplo, en 2023 la anemia afectó al 19,9 % de las comprendidas en la franja etaria de 15 a 49 años, y no fue un hecho coyuntural: las tasas de incidencia muestran una subida constante desde 2014.
Además, el 29,9 % de los adultos latinoamericanos y caribeños sufre obesidad y una dieta saludable es aquí más cara que en cualquier otra parte del orbe. La proporción de los que viven con sobrepeso es casi el doble del promedio mundial (15,8 %), y en el caso de los niños menores de cinco años, el porcentaje es de 8,8 %.
Las tres subregiones de ALC presentan costos de dietas saludables superiores a la estimación mundial, y la malnutrición en todas sus formas –el retraso del crecimiento infantil, las deficiencias de micronutrientes y la obesidad– continúa siendo un desafío importante, redondeó el informe.
Para abordar tales problemas, es preciso avanzar en la cooperación intersectorial e internacional, aumentar la financiación estratégica para la seguridad alimentaria y la nutrición, así como evaluar y adaptar las políticas públicas orientadas a fortalecer la resiliencia de los sistemas agroalimentarios, aconsejaron las entidades de las Naciones Unidas.













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