La ciencia puesta al servicio del bienestar de la humanidad -el camino del que no debería desviarse jamás- ha sufrido un ataque brutal con el bombardeo al Instituto Pasteur en Teherán, como parte de la agresión conjunta que Estados Unidos e Israel llevan a cabo contra la República Islámica de Irán.
Pareciera que el odio que hoy ciega a los agresores no les ha permitido ver que el blanco escogido no es otro que el centro de investigación científica y de salud pública más antiguo de la nación persa y del Oriente Medio, cuyos cimientos fundacionales se remontan a 1920. Con esta acción ha quedado reducido a escombros un siglo de progreso en cuestiones sanitarias.
«¿Qué mensaje transmite el ataque a hospitales, compañías farmacéuticas y al Instituto Pasteur como centro de investigación médica en Irán?», cuestionó, por medio de X, el presidente de ese país, Masoud Pezeshkian. Además, el mandatario, «como médico especialista», instó a la OMS, la Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras y a los médicos de todo el mundo a que respondan a este crimen de lesa humanidad, sostuvo.
La condena ha sido colectiva, y a ella se sumó el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmaeil Baghaei, quien calificó el hecho como «doloroso, cruel, despreciable y absolutamente abominable», y alegó que, «no es solo un crimen de guerra común en una guerra ilegítima, sino un ataque brutal contra valores humanos fundamentales».
Entretanto, Hosein Kermanpour, portavoz del Ministerio de Sanidad, enfatizó que «constituye un ataque directo a la seguridad sanitaria internacional».
Con la escalada bélica que desde finales de febrero se desarrolla contra la República Islámica, han sido destruidas numerosas instalaciones de salud de ese país, que han pasado a ser también, objetivos militares en una guerra que suma cada día más víctimas -incluidos niños.
El Instituto Pasteur, de reconocido prestigio internacional, ha sostenido por varios años una alianza científica con Cuba, que incluyen transferencia tecnológica con el CIGB y el Instituto Finlay de Vacunas, y cuyos resultados más sobresalientes son las vacunas conjuntas Soberana 02 y la vacuna contra el neumococo.
En el caso de la primera, en Irán se complementó la fase III de los ensayos clínicos. Y, con el autorizo de uso de emergencia en 2021, la nación persa se convirtió en el primer país del mundo en producir vacunas de Cuba antiCovid-19.













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