ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los contaminantes tóxicos se propagan por el aire. Foto: EFE

Los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra instalaciones energéticas de Irán provocaron profusas emanaciones de sustancias tóxicas a la atmósfera, alertaron expertos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En un contexto de crisis medioambiental y auge del armamentismo en el planeta, los peritos de la ONU lamentaron la «liberación masiva» de hidrocarburos tóxicos, óxidos de azufre y compuestos de nitrógeno, debido a la agresión bélica a la nación persa.

«La lluvia negra y la lluvia ácida», generadas por los ataques, representan un peligro real para la población, señaló el portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Christian Lindmeier, en una rueda de prensa en Ginebra, Suiza.

Bases de almacenamiento de crudo y refinerías fueron objetos de la ofensiva, dando lugar a incendios y a «graves problemas de calidad del aire», indicó el especialista.

Al mismo tiempo, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos dijo estar preocupada por los efectos sobre la salud de las personas y el medio ambiente, según declaraciones de la vocera Ravina Shamdasani.

Para nada resulta un hecho aislado, Estados Unidos e Israel figuran entre los países con mayores arsenales y erogaciones en función de la guerra, movida por intereses imperialistas.

El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por su sigla en inglés) reveló, en su más reciente informe anual, que el gasto militar estadounidense aumentó un 5,7 % en 2024, alcanzando los 997 000 000 000 de dólares, lo que representó el 37 % del total a escala global.

En el caso de Israel, el alza en 2024 fue de un 65 %, hasta los 46,5 millones de dólares, el mayor incremento anual desde la Guerra de los Seis Días de 1967, debido a la continua guerra en Gaza y la escalada del conflicto con Hezbolá en el sur del Líbano, apuntó el SIPRI.

Frente a la espiral armamentista, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, llamó la atención sobre una disparidad malsana: El precio de un bombardero furtivo o el gasto militar mundial cada ocho horas equivale a todo el presupuesto anual de la OMS, lamentó.

De acuerdo con los análisis de la ONU, la financiación internacional para procurar el bienestar humano es insuficiente y en muchos casos retrocede, pese a los compromisos recogidos en la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Sin embargo, el gasto militar en el orbe ascendió a 2,718 billones de dólares en 2024, para un décimo año consecutivo de aumentos, ilustraron datos del SIPRI.

Las lluvias negras sobre Teherán y el ataque deliberado a otras grandes ciudades iraníes son apenas una evidencia más del peligroso camino del armamentismo y del uso de la fuerza como vía para la resolución de los conflictos, sin importar los estragos humanos, la degradación del clima y los ecosistemas.

Sucesivos informes del Organismo Internacional de la Energía Atómica nunca han indicado que Irán pudiera estar desarrollando armas nucleares; es decir, contradicen el argumento esgrimido por Israel y Estados Unidos para justificar la arremetida.

A través de la red social X, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, señaló que las acciones de Washington y Tel Aviv no solo quebrantan la soberanía e integridad territorial de Irán‚ también «arruinan por segunda ocasión los esfuerzos de la diplomacia en relación con la cuestión nuclear».

Armas sofisticas y potentes –incluso asistidas por herramientas de inteligencia artificial– siembran muerte y desolación en la Tierra. Nadie podría estar ajeno a esa realidad palpable, pero la huella ecológica de la militarización ni siquiera depende del estallido de una sola munición.

Todas las etapas del ciclo económico militar se relacionan con daños medioambientales: desde el consumo de energía y recursos naturales hasta la reconstrucción posconflicto, la contaminación por desechos tóxicos, la deforestación y la pérdida de ecosistemas, fundamentó el Centre Delàs d’Estudis per la Pau, una institución española dedicada por entero a investigaciones sobre el tema.

En su informe Militarismo y crisis ambiental. Una reflexión necesaria, el centro consideró que las luchas contra el cambio climático y en favor de la transición energética, deberían exigir la reducción de los gastos militares y el trasvase de los fondos a la financiación de políticas de seguridad para la paz.

A la luz de los hechos, la situación podría empeorar. Estamos «avanzando sonámbulos» hacia una carrera armamentista nuclear más compleja, impredecible y peligrosa, declaró Courtenay Rattray, jefe de gabinete del secretario general de la ONU, al recordar la devastación causada por los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, en 1945.

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