ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Ilustración: Michel Moro

No es espontáneo. Nunca lo ha sido. Detrás del reciente florecimiento digital de consignas anexionistas –esos memes que sueñan con una Cuba sin soberanía– late una estrategia tan antigua como perversa: la del verdugo que aprieta la soga con una mano mientras, con la otra, señala a la víctima y le dice: «Mírate, no sirves para respirar».

Es el plan macabro que, en esencia, ya esbozó en su día un genio del mal: Allen Dulles, cerebro de la cia y arquitecto de operaciones destinadas a asfixiar revoluciones. Su lógica, hoy digitalizada, pero idéntica en su crueldad, sigue vigente: Aprieta el bloqueo hasta la asfixia económica. Espera a que la necesidad muerda los hogares. Luego, cuando el dolor nuble la memoria histórica, inocula la idea venenosa: «El problema no es el bloqueo, es el sistema. La solución no es la soberanía, es la anexión».

Es un teatro de la desesperación orquestado desde oficinas con aire acondicionado en Washington y Miami. Primero, estrangulan a un pueblo con una guerra económica total

–bloqueo recrudecido, financiamiento del desabastecimiento, persecución bancaria–, y después, cuando la madre no encuentra el alimento para su hijo o el médico no tiene el medicamento, aparecen los influencers del derrotismo a decir: «Mira, si fuéramos el estado 51, esto no pasaría».

Quieren que seamos tan víctimas, que lleguemos a comprender la lógica de nuestros verdugos. Que asumamos como «sentido común» lo que es un crimen de lesa humanidad, que el bloqueo es un dato inmutable del paisaje, y que la única salida es arrodillarse ante quien lo impone. Es la colonización de la mente, el último territorio que les falta por conquistar.

Estas cuentas que hoy promueven la anexión no son «ciudadanos espontáneos». Son los soldados de cuarta generación de la guerra contra Cuba, los que disparan con teclados lo que sus antecesores no pudieron en Playa Girón. Su munición es el desaliento. Su blanco, la dignidad. Su objetivo final, que Cuba, por cansancio, pida ser lo que nunca ha sido: una colonia.

Pero hay una grieta en su plan diabólico. Subestiman la inteligencia de nuestro pueblo. El cubano sabe distinguir entre el dolor impuesto desde fuera y los errores propios que se deben corregir desde dentro. Sabe que el bloqueo es el principal verdugo de su economía, no un detalle. Y sobre todo, guarda en la memoria colectiva el antídoto más poderoso: el recuerdo de que cada vez que la Patria ha estado al borde del abismo, ha sido la soberanía –no la rendición– la que la ha salvado.

No nos dejemos engañar por la desesperanza empaquetada en píxeles. Cuando vean un meme que les ofrece el pasaporte americano como salvación, recuerden la ecuación real. Es el mismo poder que les niega el alimento, el medicamento y el futuro, el que ahora les vende la ilusión de ser «ciudadanos de segunda» en su propia tierra. La verdadera libertad no se pide prestada a un Capitolio ajeno; se construye con las manos propias sobre el suelo patrio.

No llamen a esto «diversidad de opiniones». Es guerra sicológica, asedio digital, terrorismo de alcance masivo. El bloqueo es el martillo, el ciberanexionismo, el yunque. Entre ambos, quieren forjar la rendición de Cuba. Pero aquí hay una verdad que ni los algoritmos ni los dólares podrán borrar: Cuba no se rinde. Parece mentira que no lo hayan aprendido todavía.

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Dianet dijo:

1

27 de febrero de 2026

15:56:34


El artículo plantea un marco muy claro sobre soberanía y guerra mediática, pero hay algo que no se puede ignorar: la gente común no vive de marcos ideológicos, vive de soluciones concretas. Más allá de si existen campañas externas o agendas digitales, lo que muchos ciudadanos reclaman no es anexión ni propaganda, sino respuestas reales a problemas cotidianos. Reducir cualquier crítica o desesperación social a “guerra psicológica” puede servir como discurso político, pero no resuelve la escasez, los salarios insuficientes ni la falta de perspectivas. La población no quiere más relatos épicos ni más culpables señalados; quiere eficacia, transparencia y mejoras tangibles. Defender la soberanía es legítimo. Pero también lo es exigir resultados. Sin soluciones concretas, el discurso pierde fuerza, por muy encendido que sea.

Gustavo dijo:

2

27 de febrero de 2026

20:36:35


Muy claro el articulo, y aunq tengo mis diferencias con la forma en q se desordeno al pais y las traiciones de algunos q hoy dirigen desde la demagogia es momento de apoyar y resistir el embate ....Cuba y su soberania estan primero, en algun momento pagaran su culpa los traidores.....Viva Cuba....Viva la revolucion....Viva Fidel siempre.....al imperio ni un tantico asi

jose garcia dijo:

3

28 de febrero de 2026

07:55:53


Si deshecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día... ¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía... Bonifacio Byrne

Guido dijo:

4

1 de marzo de 2026

09:02:26


Desgraciadamente todavía subsisten gusanos no de seda gusanos llenos de maldad ponzoñosa que se autotitulan cubanoamericanos no Uds son vendepatria y no pertenecen a ningún país son apátridas solo merecen el desprecio y el obstrscismo en que viven tomen mucha Cocacola nosotros seguimos bebiendo el guarapo de nuestra caña pero en Cuba y donde quiera que haya cubanos decentes no como tú mula vieja