Para comprender quién maneja realmente los hilos de la opinión pública en la era de la inteligencia artificial, es necesario estudiar a dos hombres que, desde las sombras del siglo XX, manipularon la realidad con una eficacia que no tiene precedentes. Hablamos de Ivy Lee y Edward L. Bernays, los arquitectos de la persuasión moderna.
El ADN de la propaganda actual lleva la firma indeleble de estos dos pioneros, sus aportes constituyen la base fundacional de esa maquinaria invisible que sigue moldeando la opinión pública en la era digital.
Ivy Lee, reconocido como el «padre práctico» de las relaciones públicas, hizo una contribución fundamental: rompió con la concepción negativa del «encubridor de las malas noticias» y sentó las bases de la comunicación de crisis y de las relaciones con los medios tal como las conocemos hoy.
Por su parte, Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, aplicó las teorías del sicoanálisis al comportamiento de las masas. Acuñó el término «relaciones públicas» precisamente para desmarcarse de la connotación negativa que la palabra «propaganda» tenía entre la mayoría de las personas.
Según el señor gurú de la propaganda moderna, los individuos no son seres racionales, sino que toman decisiones guiados por deseos inconscientes y emociones primarias. Su libro Propaganda (1928) se convirtió en el manual de mesa sobre cómo las élites pueden dirigir a las masas apelando a esos impulsos ocultos. Para él, la «ingeniería del consenso» era esencial para evitar el «caos social».
A diferencia de la visión unidireccional de la propaganda tradicional, Bernays introdujo la llamada «estrategia bidireccional», la «calle de doble sentido». Es decir, no se trata solo de decirle a la gente qué pensar, sino de crear eventos y noticias que generen la respuesta deseada. En tanto, demostró que era posible vincular un producto con un deseo emocional profundo, sin que el público fuera consciente de que era víctima de la manipulación.
Las técnicas de Bernays llegaron a aplicarse incluso para derrocar gobiernos. Su trabajo para la United Fruit Company en 1954 es un ejemplo concreto, en aquel entonces fue el autor de la narrativa de la amenaza comunista en Guatemala, que justificó la agresión yanqui que puso fin al gobierno de Jacobo Arbenz.
Sobre la experiencia de aquel plan se construyó, en los primeros años de la Revolución, la estrategia de guerra sicológica y propaganda dirigida contra Cuba, práctica que sentó las bases de la que hoy pervive, actualizada constantemente mediante el uso de las nuevas tecnologías.
Mientras él apelaba a los deseos inconscientes de las masas de forma genérica, gracias al big data y a la inteligencia artificial, hoy puede realizarse a nivel individual. Ya no es necesario convencer a la gente de que algo existe; ahora se puede fabricar una realidad tan perfecta que rivaliza con el objeto auténtico.
La microsegmentación adaptativa, los mensajes hipersensoriales, la creación de realidades paralelas mediante enjambres de inteligencia artificial y los deepfakes serían el sueño de cualquier propagandista del siglo xx.















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