ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Obra de Michel Moro

Sesenta años después de la histórica Primera Conferencia Tricontinental, que reunió en La Habana a líderes y representantes de movimientos sociales y políticos de África, Asia y América Latina, con el objetivo de construir un espacio común de integración frente al colonialismo, el neocolonialismo y todas las formas de opresión imperialista que durante siglos habían marcado la historia de los pueblos de esas regiones, el mundo está viviendo «una temporada de recolonización».

Así lo considera Giulia Dickmans, investigadora en la Escuela de Posgrado de Historia Intelectual Global de la Freie Universität de Berlín, quien asistió recientemente al Congreso Internacional «A 60 años de la Tricontinental: contexto, impacto, legado y futuro». 

«En el 66, cuando por primera vez se encontraron los delegados aquí en Cuba, había mucha esperanza entorno al futuro. Se pensaba que todo iba a mejorar. La descolonización era un hecho que no se podía parar», observó la investigadora.

«Luego de seis décadas –precisó–, estamos invirtiendo ese proceso, estamos regresando a la colonización por parte de las grandes potencias, no solamente física, ni militar, sino también cultural e intelectual, de pensamiento y, obviamente, con las nuevas tecnologías y las redes sociales, todo eso se va distorsionando y amplificando mucho.

En un mundo cada día más multipolar, Estados Unidos intenta «reorganizar esa nueva configuración global, con la cual no está contento. Quiere recolonizar porque se está dando cuenta de que seguir con un neocolonialismo pasivo, como estaba haciendo hasta ahora, no le da todos los resultados que quiere», observa Dickmans. El imperio está «intentando remilitarizar, protagoniza actos de fuerza porque no puede más con la política diplomática».

Luego, «nos encontramos –aseveró– con las mismas preguntas y los mismos miedos, pero también esperanzas, deseos similares a los que tenían los participantes de la Primera Tricontinental».

En ese sentido, insistió en que «la cuestión de Palestina demuestra cómo las nuevas generaciones no están dispuestas a aceptar el avance del imperialismo, y creen realmente en la autodeterminación de los pueblos y en la soberanía». También es evidencia –remarcó– de cuánto el equilibrio que se creó después de la Segunda Guerra Mundial está desbalanceado.

Es por ello que resulta trascendental que se realicen eventos como ese, que permiten a la gente tomar el tiempo de escucharse, de hablar, de encontrarse, y también de intercambiar opiniones. Algo que, con en la rapidez del día a día y de otras formas de comunicación que utilizamos, que no son las personales, se está perdiendo mucho».

Por ello considera que esos días en La Habana «fueron significativos», pues permitieron a los participantes «sentir como propios los problemas de gente que vive en otros países, a una distancia enorme».

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