Para el pueblo iraní, el 47 aniversario de la Revolución Islámica, que se celebra hoy, constituye un acontecimiento lleno de compromisos para hacer de su país, además de resguardo de una cultura y religión milenarias, un eslabón primordial entre las naciones que resisten y vencen los apetitos estadounidenses de destruirlas y abolir su ejemplo.
Irán está sometido, desde el mismo triunfo de la Revolución Islámica, a la amenaza israelí y estadounidense, cuyos gobiernos están obcecados en destruir su avance en todos los campos de la vida.
El pueblo iraní festeja a partir del 1ro. de febrero la Década del Alba, que comprende el periodo de diez días que va desde el regreso del Imam Jomeini a Teherán, hasta la victoria de la Revolución Islámica (11 de febrero de 1979).
Este aniversario tampoco ha sido la excepción, en cuanto a las amenazas militares y las sanciones económicas y comerciales que se ciernen sobre la nación.
Por estos días, el mandatario estadounidense ha enviado para los mares cercanos a Teherán, un grupo de combate encabezado por el portaviones uss Abraham Lincoln.
El presidente Trump ha pedido a sus asesores opciones de ataques rápidos y decisivos a Irán, que no supongan el riesgo de una guerra prolongada en Oriente Medio, informó The Wall Street Journal.
Según funcionarios de la Casa Blanca, se está debatiendo si el objetivo principal es atacar el programa nuclear, golpear su arsenal de misiles balísticos, provocar el colapso del Gobierno o una combinación de los tres, refiere rt.
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Seyed Abbas Araghchi, afirmó que la fuerza de su país reside en su capacidad de no someterse a las grandes potencias.
«Nuestra bomba nuclear es el poder de decir no a las grandes potencias», declaró Araghchi este domingo, añadiendo que Irán rechaza la intimidación y el acoso.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, para justificar un posible envío de mayor fuerza militar estadounidense a la zona, ha advertido: «tenemos entre 30 000 y 40 000 soldados estacionados en ocho o nueve instalaciones en esa región. Todos están al alcance de miles de vehículos aéreos no tripulados [uav] unidireccionales y misiles balísticos de corto alcance iraníes que amenazan nuestra presencia militar».
Ante la inminencia de un ataque yanqui, el líder de la Revolución Islámica, ayatolá Seyed Alí Jamenei, ha advertido a la administración estadounidense que «si inician una guerra contra Irán, esta vez será una guerra regional».
En igual sentido, Irán ha advertido que, «si el país es objeto de una agresión, atacará todas las bases de Estados Unidos en la zona».
«No somos los iniciadores ni queremos atacar a ningún país, pero la nación iraní asestará un duro golpe a cualquiera que la ataque u hostigue», ha dejado claro el ayatolá Jamenei.
Este escenario, en el que podría estallar una confrontación bélica, es quizá el más explosivo del mundo; por cuanto, existe en la región del Oriente Medio un Gobierno como el de Israel, aliado incondicional de Washington, con una política sionista de exclusión, en la que lo mismo ha actuado contra la población palestina, en franco genocidio, que amenaza con destruir a la República Islámica de Irán, contra la cual ya ha incursionado militarmente en varias oportunidades.
En lo económico, Irán es poseedor de grandes reservas de petróleo y gas, de las que el Gobierno de Donald Trump quiere apoderarse, y además, controla el estrecho de Ormuz, espacio marítimo por donde circula un 20 % del petróleo mundial.
De Teherán verse agredido e involucrado en una guerra, la lógica indica que cerraría esa vía marítima, lo que repercutiría en la economía internacional y en la subida de los precios del petróleo.
Desde que se creó el Estado israelí, y Estados Unidos lo convirtió en su punta de lanza para hacer y deshacer en las naciones del Oriente Medio, la República Islámica de Irán ha sido un obstáculo en los planes sionistas e imperialistas.
El desarrollo independiente del país persa y la defensa de su estatus de nación islámica ha hecho de Teherán un bastión, que fomenta y consolida sus planes de desarrollo, y su derecho al empleo de la energía nuclear para el uso en planes de salud, alimentación y otras ramas civiles.
En este aniversario 47 del triunfo de la Revolución Islámica, el mundo observa, una vez más, cómo Estados Unidos se empeña en destruir el ejemplo de esa nación y apoderarse de sus cuantiosos recursos. Algo muy de moda para Donald Trump y su equipo especializado en el terrorismo de Estado.













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