Al tiempo que aplauden y pagan todo lo que perjudique la vida de los cubanos, incitan a la guerra, promueven el terrorismo, el miedo, el odio, la asfixia, el colapso y la venganza, fabrican campañas para culpar a la Isla de sus males y de una ola de «represión» que no existe, pero que tratan de presentar como el pretexto de última hora para que la guerra sea la única opción.
A los vividores del negocio de la confrontación no les interesan los diálogos, los acercamientos, la comunicación ni la paz. Quieren más sangre, y por ello rastrean minuto a minuto aviones que se acercan al archipiélago cubano, buques de guerra que entran y salen a la Base Naval de Guantánamo o se mueven por los alrededores de nuestros mares territoriales.
Tratar de intimidar con la fuerza militar de la superpotencia; incitar acciones desestabilizadoras; procurar un cerco económico aún más criminal con medidas de cero interacción entre las familias cubanas y sus seres queridos en una y otra parte del estrecho de la Florida, son obsesiones de las que, con dinero, influencia y chantaje político pretenden llevar al caos de las relaciones bilaterales.
Mientras el pueblo cubano y sus líderes se defienden del zarpazo con medidas de ahorro, ajustes de horarios, acciones para garantizar el transporte imprescindible, los medicamentos, alimentos, servicios básicos, el uso eficiente de las escasas reservas de combustibles; del otro lado, los odiadores hacen todo lo posible por servir a la persecución de barcos petroleros, de gas u otras mercancías; convocan a la desestabilización, mientras tratan de atizar la mentira de que el «régimen incrementa la represión», para lo cual utilizan organizaciones históricamente anticubanas o voces aisladas que desde supuestas posiciones religiosas nada tienen que ver con el amor al prójimo.
Los congresistas traidores a la comunidad cubana en Estados Unidos, los peores exponentes de la mafia vengativa, asalariados del terrorismo y la politiquería miamense vuelven a apostar por la hora final, que temen les llegue primero a ellos que a la Revolución.
Cuba busca el bienestar de su pueblo heroico y la paz, en medio de la tormenta, por fuerte que sean las ráfagas, las provocaciones y las amenazas.













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