Hay determinada «izquierda», con ínfulas y altavoces de democrática que, cuando pierde, busca destacar sus credenciales de futuro mostrando cuánto en realidad se parece a esa derecha dura que le ha vencido. La «izquierda» derrotada habla de análisis autocríticos y hasta dolorosos, que resaltan una crítica y un dolor que no apuntan exactamente hacia ella, aunque se emplee el plural de modestia.
El mundo de los frentes amplios tiene frentes tan amplios... que la voz que ejerce la autocrítica cuenta con mucho espacio, el suficiente para que se entienda que, aún dentro del «nosotros», hay un «ellos» que no acaba de comprender de qué se trata, de lo que hace falta de verdad para «ganar», como en efecto lo ha hecho el bando contrario.
Decir bando contrario no es tan sencillo como hablar de pañoletas rojas contra azules, aunque sea más fácil mostrarlo así.
Bando contrario significa grupo de gente que no tiene la más mínima idea de cómo vives y que tampoco le importa, solo siente la constante certeza de que tu vida y tu presencia les sobra, más o menos les sobra, porque exigen que su campo de golf y su helipuerto estén en perfecto estado técnico, pero no quieren ver, no soportan ver, a ningún-ninguna electricista ni podador ni carpintero cuando el sábado su helicóptero toca la hierba.
Son las gentes que, incluso cuando legalmente no pudieron esclavizar, se las ingeniaron para seguir construyendo pequeñísimos cuartos con pequeñísimos baños justo al lado de la cocina, pero justo del lado de la cocina donde ellos y ellas nunca van a estar.
Ahora la «izquierda» de la cual hablamos, que se parece bastante a estos señores y señoras, o si no se les parece lo sueña, dice que en América Latina hay que hacer las cosas bien, como lo hacen ellos y ellas, que por eso o por algo ganan.
¿Y qué es lo bien? ¿Organizarse para mentir, manipular, culpar a los migrantes de todo mientras tienen a bien subcontratarlos, alinearse con el discurso de la potencia hemisférica, tener el monopolio de la información en tanto hablan de expresión libre?
No se huele mucha confiabilidad en esa «izquierda» que, antes de despedirse, tiene a bien reprimir manifestaciones pacíficas por Palestina y tolerar la cada vez más penetrante presencia del empresariado sionista en los intríngulis neurálgicos de sus economías y sistemas de defensa.
Que ampara los desalojos masivos y las deportaciones; que salva de la quiebra a los medios de prensa conservadores y permite que los alternativos sean cada vez más pequeños, cada vez menos, que se mueran de hambre sus periodistas, que desaparezcan en el silencio.
Que aprueba leyes de gatillo fácil, dando impunidad a las fuerzas represivas que sacaron ayer los ojos a cuenta de perdigones y brindando luz verde, más, para seguir haciéndolo; que tiene tiempo y cara para recalcar que «Cuba es una dictadura por donde quiera que se le mire…».
Esa «izquierda», que trata a los pobres y migrantes como delincuentes y a los delincuentes como subpersonas, que defiende una «democracia» que ni siquiera ellos como sujetos políticos tienen derecho a ejercer, además de cobarde y sumisa, es traidora al pueblo.













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William dijo:
1
25 de enero de 2026
23:32:55
Lazaro dijo:
2
26 de enero de 2026
07:58:52
Onir Respondió:
26 de enero de 2026
10:51:48
Renato Peña dijo:
3
26 de enero de 2026
08:37:27
Raul Martinez Respondió:
26 de enero de 2026
10:43:54
Joe 67 dijo:
4
27 de enero de 2026
09:03:31
Manolo Villar dijo:
5
27 de enero de 2026
16:08:54
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