ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Inversiones de esta naturaleza permiten reducir la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles. Foto: Ricardo López Hevia

El mayor aprovechamiento de las fuentes renovables de energía podría contribuir a la seguridad y a la estabilidad económica de los países subdesarrollados, si la transición avanza junto a la transferencia de financiamiento y tecnología en condiciones favorables.

A escala internacional, sin un despliegue masivo y acelerado de las instalaciones solares, eólicas, hidroeléctricas, geotérmicas y otras variantes de similar naturaleza, los objetivos climáticos del Acuerdo de París serán inalcanzables, coinciden expertos en la materia.

Para cerca de 700 millones de habitantes que aún carecen de electricidad –principalmente en África subsahariana y Asia–, las soluciones renovables descentralizadas, como minirredes solares o sistemas solares domésticos, resultan a menudo la forma más rápida, barata y eficaz de acceder a la energía moderna.

Diferentes análisis de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) también invitan a reparar la deuda ecológica histórica del Norte global y a construir, al mismo tiempo, un futuro bajo en emisiones de gases de efecto invernadero, inclusivo y estable para todos.

Nadie niega el proceso de transición en curso; sin embargo, hay criterios divergentes en relación con la escala, la velocidad y los resultados previsibles, al sopesar el papel de los combustibles fósiles y de las nuevas tecnologías en la esfera renovable, así como la necesidad de inversiones futuras en ambos campos.

Datos de la ONU y de otros organismos multilaterales avalan el incremento de la demanda mundial de energía y, en particular, de electricidad, debido a las exigencias de la refrigeración, las industrias, el transporte automotor y la digitalización, signada por el auge de los centros de datos y la inteligencia artificial (IA).

«La expansión global de los centros de IA y de la computación impulsada por ia está provocando un aumento estructural de la demanda de electricidad, a menudo a una escala comparable a la de ciudades de tamaño medio», advirtió Gauri Singh, directora general adjunta de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena, por su sigla en inglés).

Dada a conocer en julio de 2025, una investigación promovida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), reveló que actualmente más de mil millones de personas utilizan a diario las herramientas de IA generativa.

Cada interacción consume alrededor de 0,34 vatios-hora por prompt. Esto suma hasta 310 gigavatios-hora al año; es decir, una cuantía equivalente al consumo anual de electricidad de más de tres millones de gente en una nación africana de bajos ingresos, dijo la Unesco.

La mayor parte de la infraestructura de IA, indicó la institución, se concentra en Estados de altos ingresos, dejando rezagados a otros y acentuando las desigualdades globales.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, solo el 5 % del talento africano en IA tiene acceso a la potencia informática necesaria para crear o utilizar IA generativa.

De acuerdo con los pronósticos, la oferta de corriente a partir de las fuentes renovables deberá crecer en los próximos años, pero sin suplir el aporte del petróleo y de otros carburantes tradicionales; por tanto, los esquemas mixtos, incluyentes de diversas alternativas, parecen ser las variantes más racionales y sostenibles.

Al decir del ministro de Industria y Tecnología Avanzada de Emiratos Árabes Unidos, Ahmed Al Jaber, si se quiere satisfacer la demanda prevista, de forma «responsable, fiable y asequible», es preciso asumir la realidad: más del 70 % del suministro seguirá proviniendo de los hidrocarburos.

Por su parte, el director general de Irena, Francesco La Camera, confirmó que el 92 % de la nueva capacidad eléctrica instalada, en 2025, procedió de las fuentes renovables.

De cara a 2026, la entidad estimó otro récord, con la adición de casi 700 gigavatios de capacidad; una cifra equivalente al doble de lo construido en energía nuclear durante los últimos 70 años, contrastó el experto.

Cualquier transición justa hacia un futuro basado en energías renovables, deberá fundamentarse en la inclusión, la dignidad y la igualdad de oportunidades, coincidió el director general de la Organización Internacional del Trabajo, Gilbert F. Houngbo.

No es solo sustituir una fuente energética por otra; se trata de una batalla en aras de la redistribución del poder tecnológico, económico-financiero y en la esfera del conocimiento a nivel mundial.

El papel de la ONU y las exigencias del Sur Global deberían garantizar que el principio de «responsabilidades diferenciadas» incluya el derecho de los países en desarrollo a fomentar capacidades industriales y tecnológicas propias.

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